Colonialismo ambiental en Palestina: nuevas aristas de la ocupación militar sionista

Juan Carlos Salazar Ramírez
Foto: IYD/CARE

Cuando la eliminación o sustitución de una población colonizada se encuentra en el centro del proyecto de ocupación, la separación del sujeto colonizador respecto al colonizado es un mecanismo esencial para el fin último de control. Dicho mecanismo conocido como apartheid (“separación” o “segregación”) en el idioma colonial bóer de Sudáfrica (Tolosa, 2022, p. 40), donde fungió como sistema de segregación racial hasta 1992, también se ha usado en tiempos recientes por el relator especial de Naciones Unidas, Michael Lynk, para analizar el modelo de ocupación israelí sobre Palestina, resultando esencial para comprender las cínicas lógicas de limpieza étnica acaecidas por más de medio siglo dentro de un que territorio que prioriza de manera tan intencional los derechos políticos, legales y sociales de un grupo sobre otro (Fernández, 2022).

El proceso de ocupación iniciado en 1947 con la autoproclamada independencia del Estado de Israel y la recrudecida militarización en 1967 tras la Guerra de los Seis Días, ha dejado a mujeres, hombres, niños y niñas de los Territorios Palestinos Ocupados ante una crisis de seguridad agravada. La colonización ha trastocado todos los aspectos de reproducción de la vida. Económica, política, epistemológica y militarmente, el Estado de Israel ejerce control a través del aparato bélico – institucional que lo compone, por lo que el acceso a bienes de servicio y al medioambiente, en su mayoría, se encuentra mediados por éste de igual manera.

Es bajo este contexto de ocupación militar denominado como “la prisión más grande del mundo” en el caso de Gaza, al ser una “pequeña franja de tierra, que alberga a más de dos millones de personas bajo ocupación, aislada del mundo exterior por un bloqueo ilegalaéreo, marítimo y terrestre”; y de los 2,7 millones de palestinos en Cisjordania, que viven en “167 islas de tierra fragmentadas, separadas del mundo y entre sí por puestos de control, muros, asentamientos y carreteras israelíes exclusivas para los colonos”(Noticias ONU, 2021), que el colapso bioclimático se experimenta para la población palestina.

Siguiendo esta línea, es bien sabido que la degradación ambiental es uno de los mayores riesgos a los que se enfrenta el siglo XXI, en una especie de problema compartido. En la región que nos ocupa, existen importantes evidencias de las consecuencias del calentamiento global, traduciéndose principalmente en períodos más largos de sequías, aumento de las temperaturas medias de la cuenca del Mediterráneo y una disminución de las precipitaciones anuales (Green, et al., 2015, p. 3). Lo que eventualmente implica períodos de carencia de agua dulce cada vez más recurrentes, aumento en la frecuencia de eventos climáticos agudos como olas de calor, desertificación o pérdida de especies de flora y fauna (Green, et al., 2015, p. 4). Todo ello en una región que, por sus condiciones geológicas, es propensa a sufrir por el acceso al agua.

Si bien los efectos de la degradación medioambiental son planetarios, existe una desigualdad en la distribución global de los riesgos que diferencia el impacto de dicha degradación en las poblaciones. De esta forma, a pesar de que palestinos e israelíes habiten la misma área geográfica, los efectos negativos del cambio climático son distribuidos de manera desigual entre sus poblaciones. De tal suerte que aquellos que viven bajo el dominio de la ocupación militar sufren condiciones climatológicas con mayor severidad.

Estos efectos negativos agravados son producto de la praxis de una ocupación que impide a la población palestina acceder y gestionar la tierra y otros recursos esenciales para la reproducción de la vida, particularmente el agua. Sector en el que Israel ha creado un aparato institucional de control por medio de permisos y licencias para restringir y controlar el acceso de los palestinos a las aguas subterráneas en los Territorios Ocupados – su principal fuente de obtención -. Teniendo, desde el Acuerdo de Oslo II de 1995, el control de aproximadamente el 80% de las reservas de agua en Cisjordania (Agha, 2019).

Además, la vulnerabilidad al cambio climático palestino aumenta a través de la apropiación de la tierra y otros recursos naturales por parte de colonos israelíes, así como las restricciones de movimiento impuestas por la militarización del territorio. Lo anterior significa la imposibilidad palestina de tomar medidas para prepararse en la adaptación al cambio climático. Es decir, el ajuste de los sistemas humanos o naturales a las consecuencias del cambio climático (Agha, 2019), de tal forma que se pueda vivir dignamente y tener acceso a los recursos esenciales para la reproducción de la vida. En el caso de los Territorios Palestinos Ocupados, el acceso al agua. Recurso cada vez más escaso debido a las condiciones climatológicas, donde la agricultura, piedra angular de la economía palestina, será la más afectada.

Así, la vulnerabilidad a la catástrofe bioclimática se compone por una combinación del riesgo medioambiental y la preparación que tienen las poblaciones para adaptarse a las nuevas condiciones de existencia. Dicho riesgo es medido a través de la capacidad de implementar acciones a corto y largo plazo, lo cual depende, indudablemente, de las condiciones materiales de existencia y la capacidad de organización de las poblaciones. Ante una crisis socioeconómica y política, en el caso palestino – israelí, la vulnerabilidad debe de operacionalizarse a través del contexto de más de medio siglo de limpieza étnica y militarización del territorio. De esta forma, se puede dar cuenta del apartheid ambiental israelí si no se incluyen a las poblaciones más oprimidas en la adaptación al cambio climático, mientras Israel se compromete a la neutralidad de carbono en 2050 (Agencia EFE, 2021).

Sin embargo, el cambio climático no es un “fenómeno natural”, ni lo es la inseguridad frente a él. Ambas son cuestiones agudizadas por decisiones políticas y socioeconómicas. En el caso de los Territorios Palestinos Ocupados, la vulnerabilidad frente al cambio climático es influenciada y exacerbada por el colonialismo israelí y por el robo de recursos naturales (Dajani, 2022); en el caso de la debacle ecológica mundial, por lógicas de producción. En ambos casos, son síntoma de relaciones de poder, cuyos estragos son diferenciados.

Para los palestinos, que en este año conmemoran 75 años desde la pérdida de la mayoría de sus tierras, la vulnerabilidad al cambio climático es una consecuencia más de su condición colonial y de la ocupación militar de sus territorios. El cambio climático en toda la Palestina ocupada debe ser entendido como una realidad intrínsecamente política definida por décadas de colonialismo y despojo (Dajani, 2022). Y aunque el riesgo global afecta a todo el mundo, a los más pobres y oprimidos en la lucha contra el colapso bioclimático sólo les será posible la justicia ambiental a partir de la justicia social. Ergo, en el caso que hoy nos ocupa, esta justicia social sólo será posible con el fin de la ocupación militar ilegal en la Palestina histórica.


Fuentes de consulta:

Agencia EFE, (29 de octubre de 2021). Israel se compromete a la neutralidad de carbono para 2050. Swissinfo. https://www.swissinfo.ch/spa/cumbre-clima-israel_israel-se-compromete-a-la-neutralidad-de carbono-para-2050/47068092

Agha, Z. (26 de marzo de 2019). Climate Change, the Occupation, and a Vulnerable Palestine. Al-Shabaka. https://al-shabaka.org/briefs/climate-change-the-occupation-and-a-vulnerable-palestine/

Dajani, M. (30 de julio de 2022). Contra el apartheid climático israelí en Palestina. Rebelión. https://rebelion.org/contra-el-apartheid-climatico-israeli-en-palestina/

Fernández, A. (28 de abril de 2022). Apartheid, el término jurídico que (por fin) define la realidad de Palestina. El Salto Diario. https://www.elsaltodiario.com/revista-pueblos/apartheid-el-termino-juridico-que-(por-fin)-define-la-realidad-de-palestina

Green, M.S., Pri-or, N.G., Capeluto, G. et al. Climate change and health in Israel: adaptation policies for extreme weather events. Isr J Health Policy Res 2, 23 (2013). https://doi.org/10.1186/2045-4015-2-23

Izquierdo Brichs, F. (2004). GUERRA Y AGUA EN PALESTINA: EL DEBATE SOBRE LA SEGURIDAD MEDIOAMBIENTAL Y LA VIOLENCIA. Revista Española de Derecho Internacional, 56(1), 63–89. http://www.jstor.org/stable/44298183

Méndez, M. V., & Montañez, J. R. (2018). Conflicto palestino-israelí a la luz de la hidropolítica y la trasgresión del derecho al agua – The Palestinian-Israeli conflict in the light of hydropolicy and the transgression of the water’s right. Estudios Internacionales, 50(190), 107–124. https://www.jstor.org/stable/26658901

Noticias ONU (27 de mayo de 2021). Una comisión internacional investigará la actuación de Israel en el territorio palestino ocupado tras la última escalada de violencia. Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2021/05/1492582

Noticias ONU. (25 de junio de 2019). Mujeres, refugiados palestinos, cambio climático. Las noticias del martes. Noticias ONU. https://news.un.org/es/story/2019/06/1458351

Tolosa, J. R. (2022). El apartheid israelí hoy: de las líneas abismales del Muro de apartheid y los checkpoints israelíes al infanticidio contra las niñas y los niños de Palestina. In Palestina desde las epistemologías del sur (pp. 40–54). CLACSO. https://doi.org/10.2307/j.ctv2v88csh.7

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