La militarización ante la violencia por el narcotráfico: el Culiacanazo

Tania Pamela Moreno Alvarado

Un impacto de bala junto a una imagen religiosa en la entrada al pueblo. Gladys Serrano/El País

La militarización en México es un tema cada vez más frecuente entre la población. Militares en proyectos para el llamado “desarrollo” y otras infraestructuras, el Ejército siendo parte de las tareas de la policía civil, la nueva Guardia Nacional custodiando el Metro de la Ciudad de México. Los papeles que les asigna el gobierno los ponen cada vez más cerca de la sociedad. Enfrentar la violencia que genera el crimen organizado y otros grupos delictivos a través del uso del Ejército y Fuerzas Armadas ha sido una prueba tangible de esta militarización.

En 2006 empieza la denominada “Guerra contra las drogas“ por parte del presidente Felipe Calderón, una “guerra” fallida que dio como resultado el incremento de la violencia, los homicidios y las desapariciones forzadas a lo largo de todo el país. De acuerdo con diversas fuentes oficiales, las denominadas “narcoejecuciones” tuvieron un alza entre 2007 y 2011[1], y en ellas, además, ocurrieron aproximadamente 26 mil desapariciones.[2]

Lo anterior deja ver a un Estado fallido, débil y con un cuerpo militar rebasado por el narcotráfico. Siguiendo a los investigadores Jonathan D. Rosen y Roberto Zepeda,

Calderón militarizó la guerra contra las drogas con el fin de capturar o matar (si se resistían) a los principales líderes del narcotráfico. Recurrió al Ejército y la Marina porque las fuerzas policiacas no eran confiables, ya que estaban invadidas por la corrupción.[3]

Si bien la militarización como respuesta ante el narcotráfico no es algo exclusivo del sexenio de Felipe Calderón, pues se ha presentado desde años previos, el mayor despliegue de fuerzas militares data del 2006, año en el que el presidente Calderón inicia la “batalla” contra el crimen organizado.[4] Junto con ello, se presentó una alza en las violaciones de derechos humanos, torturas y desapariciones, en contra de la población civil, todas ellas a manos de militares. De acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), desde el final del 2006, México ha recibido más de 6.000 denuncias de abusos contra los derechos humanos perpetrados por las fuerzas armadas mexicanas.[5] Aquí radica la preocupación.

A pesar de los estragos evidentes en las dolorosas cifras de la fallida guerra contra las drogas, en el sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador se ha llevado a cabo un reforzamiento de la militarización en el país. La justificación de dicha militarización sigue siendo la misma: la incapacidad de las instituciones y la policía para combatir la violencia debido a la corrupción existente en ellas. ¿Ha disminuido la violencia? El Culiacanazo demuestra que no.

Cunas de la miltarización en el país: Sinaloa

Desde hace algunas décadas, Sinaloa, uno de los puntos focales en donde se han concentrado originariamente grupos del crímen organizado,  ha sido el territorio que muestra de manera más clara la militarización del país, bajo el supuesto de que eso disminuirá los niveles de violencia y permitirá la desarticulación de los cárteles que operan en el Estado. Con la llegada en 2017 de un nuevo gobernador, Quirino Ordaz Coppel, dicha militarización fue clara, pues se encargó de nombrar a un militar como Secretario de Seguridad estatal, a otro como subsecretario, y a otro más como director de la Policía Estatal Preventiva, acercando a los militares cada vez más a las tareas de la policia civil, a la cotidianeidad de las y los habitantes del territorio.[6]

El objetivo central de esta militarización en el estado parte de la disminución de la violencia por el crimen, generando una estrategia de segurida, desde un enfoque tradicional para alcanzar intereses de la nación como el bienestar de las y los ciudadanos. Sin embargo, el llamado “jueves negro”[7] en el que Fuerzas Armadas intentaron detener  a Ovidio Guzmán, hijo del  narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán, que después fue liberado, en uno de los territorios más militarizados, demostró que esa no tiene que ser ni es la solución.

De acuerdo con las versiones oficiales de la prensa nacional, el 17 de octubre del 2019, las Fuerzas Armadas llevaron a cabo la detención de Ovidio Guzmán, un sicario de alto rango del Cártel de Sinaloa e hijo del narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán. Esto desencadenó una serie de enfrentameintos entre los grupos delictivos y militares y policias. Miembros del cártel tomaron las calles y comenzaron a causar pánico en la sociedad. Michael Lettieri, junto con Philip Johnson y Cecilia Farfán-Méndes,  mencionaron al respecto que:

La respuesta del cártel frenó toda actividad en la ciudad. Los hombres armados iban en camionetas, tomaron el control de puentes y sitiaron las vialidades principales de la ciudad. Detuvieron camiones y autobuses por la fuerza, los vaciaron y les pusieron fuego en las encrucijadas de la ciudad, produciendo grandes columnas de humo. Las personas que se encontraban en restaurantes, supermercados y gasolineras se tiraron al suelo o corrieron para resguardarse, mientras que los sicarios y soldados se dispararon entre sí.[8]

Aquel  día, 55 prisioneros de Aguarato de Culiacán escaparon y tomaron puntos estratégicos en toda la ciudad;[9] para el 19 de octubre, ante la falta de control de la situación, el presidente Andrés Manuel ordenó la liberación de Ovidio Guzmán declarando que no valía más la captura de un delincuente que la vida de las personas que habitaban Culiacán. 

La violencia trastocó profundamente el orden social y se vislumbró que las Fuerzas Armadas no son la solución ante la complejidad del problema del crimen. El miedo y el terror que se vive ha sido una constante en esta ciudad, miedo y terror que permanece hasta el día de hoy.

El periodista Javier Valdez en una crónica para el periódico La Jornada relata lo siguiente:

Calles cerradas, helicópteros volando, militares y policías por todos lados, en cada esquina. Ahora nadie pita a otro, menos una mentada. Hay mucho miedo. En todos los semáforos la gente voltea a ver de reojo al otro conductor. Si es una troca, no avanza hasta que ésta se va.[10]

Lo sucedido en Culiacán, Sinaloa, dejó ver lo ya evidente desde sexenios anteriores: la militarización no es, ni será la respuesta ante la violencia derivada del narcotráfico. Al contrario, la presencia militar acrecienta los niveles de violencia, desapariciones y homicidios.

El Culiacanazo queda en la memoria de todxs, es un recordatorio de cómo las Fuerzas Armadas del país fueron rebasadas por los grupos criminales, y de cómo el gobierno fue incapaz de afrontar el estado de violencia que azota a todo México.

El país no necesita más militares en las calles sino necesita mejores políticas públicas, instituciones fuertes para enfrentar problemas como la corrupción y la desigualdad, y un mejoramiento del sistema de justicia. Es necesario poner en el centro de la discusión una seguridad más integral y holística antes que los enfoques de la seguridad tradicional.

Bibliografía

Amnistía Internacional. “México: Los casos de abusos del ejército Mexicano deben ser juzgados por tribunales civiles”, Amnistía Internacional, 2011, Disponible en: https://www.amnesty.org/es/documents/pre01/560/2011/es/

D. Rosen, Jonathan y Zepeda, Roberto. “Una década de narcoviolencia en México: 2006-2016”, [en línea], Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, 2016 Disponible en: https://www.casede.org/PublicacionesCasede/Atlas2016/JonathanD_Rozen_Roberto_Zepeda.pdf

Lettieri, Michael, Johnson Philip y Farfán-Mén, Cecilia, “Culiacán interpretaciones sobre la violencia y memoria”, Centro de Estudios México-Estados Unidos, 2020, Disponible en: https://revistaespejo.com/wp-content/uploads/2020/10/Culiacan-Intepretacion-Violencia-Memoria-fnl-.pdf

L. Menéndez, Eduardo, “Violencia en México: las explicaciones y las ausencias”, Altereidades, 2012, Disponible en: https://www.scielo.org.mx/pdf/alte/v22n43/v22n43a12.pdf

Meza, Silber, “Sinaloa:cuna del narco y símbolo de la militarización de México”, Efecto Cocuyo, 04 de diciembre de 2021, Recuperado de: https://efectococuyo.com/internacionales/sinaloa-cuna-del-narco-y-simbolo-de-la-militarizacion-de-mexico/

Valdez, Javier, “El Ejército ocupa Culiacán y Navolato, en un intento por abatir ola de violencia”, La Jornada, 2008, Disponible en: https://www.jornada.com.mx/2008/05/14/index.php?section=politica&article=012n1pol


[1] Rafael López y M. del Pozo, “27 ejecutados al día”, Milenio, 1 de diciembre de 2012.

[2] Notimex, “Segob da a conocer lista de 26,000 desaparecidos,” El Financiero, 12 de diciembre de 2014.

[3] Jonathan D. Rosen, y Roberto, Zepeda,. “Una década de narcoviolencia en México: 2006-2016”, [en línea], Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia, 2016 Disponible en: https://www.casede.org/PublicacionesCasede/Atlas2016/JonathanD_Rozen_Roberto_Zepeda.pdf

[4] Claudia Herrera, “El gobierno se declara en guerra contra el hampa; inicia acciones en Michoacán”, en La Jornada 12 de diciembre de 2006 Disponible en: https://www.jornada.com.mx/2006/12/12/index.php?section=politica&article=014n1pol

[5] Amnistía Internacional. “México: Los casos de abusos del ejército Mexicano deben ser juzgados por tribunales civiles”, Amnistía Internacional. 2006, Disponible en: https://www.amnesty.org/es/documents/pre01/560/2011/es/

[6] Silber, Meza, “Sinaloa:cuna del narco y símbolo de la militarización de México”, Efecto Cocuyo, 04 de diciembre de 2021, Disponible en: https://efectococuyo.com/internacionales/sinaloa-cuna-del-narco-y-simbolo-de-la-militarizacion-de-mexico/

[7] ibidem.

[8] Michael Lettieri, Philip Johnson y Cecilia Farfán-Méndes, “Culiacán interpretaciones sobre la violencia y memoria”, Centro de Estudios México-Estados Unidos, 2020, Disponible en: https://revistaespejo.com/wp-content/uploads/2020/10/Culiacan-Intepretacion-Violencia-Memoria-fnl-.pdf

[9] ibidem

[10] Javier Valdez, “El Ejército ocupa Culiacán y Navolato, en un intento por abatir ola de violencia”, La Jornada, 2008, Disponible en: https://www.jornada.com.mx/2008/05/14/index.php?section=politica&article=012n1pol

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