Seguridad energética y riesgo ambiental: el caso NordStream

Natsumi Tanamachi

Danish Defence/Anadolu Agency/Getty Images

En septiembre de 2022, una serie de fugas y explosiones en los gasoductos gemelos Nord Stream 1 y 2 aumentaron las tensiones entre la Unión Europea (UE) y Rusia cuando mandatarios europeos señalaron los eventos como ataques deliberados. Estos gasoductos recorren el Mar Báltico y suministran gas natural desde Rusia hacia la red de gas europea (Nord Stream, s/f). Alrededor de una cuarta parte de toda la energía utilizada en la Unión Europea es gas natural (Consejo Europeo, 2022), pero tras el agotamiento de las reservas del Mar del Norte, se ha convertido en el mayor importador de gas natural del mundo.

El suministro de gas europeo dependía en más de 40% de Rusia (International Energy Agency, 2022) al momento en que ésta emprendió una ofensiva militar contra Ucrania, en febrero de 2022. La UE calificó esta “operación especial” como “no provocada e injustificada” (Consejo Europeo, 2022) y adoptó una serie de sanciones contra Rusia, agravando una relación que ya era entonces voluble. Como respuesta, el gobierno de Vladimir Putin recortó el suministro de gas a Alemania y otros países europeos. Aunque las empresas rusas, como Gazprom, justificaron los recortes como producto de mantenimiento técnico (BBC, 2022), autoridades y medios occidentales no dudaron en deducir que se trataba de una acción política.

La energía es el sector más controversial en la disputa entre Bruselas y Moscú porque los hidrocarburos movilizan la producción y circulación de todas las materias primas y mercancías del mundo. Todas las determinaciones del capital necesitan a los fósiles para valorizarse: son el fundamento energético elegido para asegurar la reproducción del sistema productivo y, en general, del modelo civilizatorio capitalista.

Los oleoductos y gasoductos son de vital importancia para la seguridad del abastecimiento energético e implican, además de procesos de reconfiguración espacial y vulnerabilidades en materia de geopolítica (por la posibilidad del sabotaje o cierre estratégico), grandes riesgos ambientales –a pesar de que se consideran el modo de transporte de hidrocarburos más seguro–. Es decir, no sólo está en juego el abastecimiento energético de Europa. El impacto ambiental tanto de los derrames de petróleo como las fugas y explosiones de gas suelen ser pasados por alto, aún cuando son a la vez causa y efecto del colapso ecológico capitalogénico que pone en riesgo la trama de la vida.

Las fugas de los gasoductos liberan grandes cantidades de gases a la atmósfera, como el metano: un gas de efecto invernadero con un potencial de calentamiento climático mayor al del dióxido de carbono. Las fugas de Nord Stream, según estimaciones asociadas del gobierno danés, equivalen a medio millón de toneladas métricas (PBS News Hour, 2022) de metano. Más allá de un supuesto ataque deliberado, en el corazón de la discusión debe abordarse el riesgo socioambiental de la dependencia absoluta de los hidrocarburos, su extracción intensiva e insensata, y su consecuente papel de desestabilización en el sistema.

Los gobiernos de la UE, enfrentados a la vulnerabilidad de su seguridad energética –particularmente de su suministro de gas, aproximándose el invierno– por un conflicto geopolítico, han buscado alternativas para reducir su dependencia de Rusia. Estas van desde la búsqueda de diferentes proveedores, hasta la reducción del consumo y la apuesta por las “energías verdes”(Consejo Europeo, 2022). Aunque estas soluciones asisten, cuando menos en el mediano plazo, a una estrategia de seguridad energética europea, están lejos de poder detener la crisis de seguridad ambiental, el colapso.

La reducción del consumo sí debe ser importante, pero es muy difícil de lograr y, seguramente, los estándares que proponga la UE no sean suficientes: Alemania, por ejemplo, está entre los 10 mayores consumidores de gas natural y de petróleo del mundo (U.S Energy Information Administration, 2021), aún cuando su población representa sólo alrededor del 1% de la población mundial (World Bank, 2021).

Las “energías verdes” responden más al agotamiento de “recursos” fósiles que a la protección medioambiental. Es verdad que sirven como alternativa más “limpia” para retrasar los efectos del cambio climático, pero no van a reemplazar la fuente fósil. En primer lugar, por los intereses del capital fósil; por sólo mencionar un sector podemos referirnos al militar: veintiún miembros de la UE pertenecen a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que ha participado en guerras contra Libia y Afganistán en las que se quemaron millones de barriles de petróleo (Crawford, 2019). Además, y es esta la razón más importante, los fósiles son la configuración que le permite al capital reproducirse con más alcance, son el sistema energético más estable y fácil de controlar (Altvater 2018), dándole mayor poder de ordenamiento.

Pero la elección fósil del proyecto civilizatorio capitalista no sólo lo confina a la cantidad de energía física contenida en los estratos terrestres (que implica los límites reales del capital fósil) sino que condena a la destrucción acelerada de las condiciones materiales de la vida en el planeta. No podemos olvidar que entre más eficiente sea el capital, también será más destructivo. Si sólo la fase fósil del capital le permite realizarse a máxima potencia, esta fase también será la más devastadora, será la Última Era.

El capital está indispuesto a cambiar su configuración energética, lo que indica que su fin será, necesariamente, fósil. Pero este fin tiene la potencialidad de terminar, también, con las condiciones de existencia de la vida en el planeta. El capital no va a desfosilizarse, pero la vida tiene – necesariamente– que hacerlo. Es decir, Europa puede tener éxito en su plan de reducir la dependencia energética de Rusia, pero sus políticas de seguridad energética siguen sin ser congruentes con la seguridad ambiental. Esto no debe resultarnos extraño. No habrá seguridad ambiental mientras nos relacionemos con el planeta según lógicas capitalistas.

Fuentes de consulta.

Consejo Europeo (2022). Consilium Europa. 20 de Septiembre. Último acceso: 04 de Enero de 2023. https://www.consilium.europa.eu/es/policies/sanctions/restrictive-measures-against-russia-over-ukraine/sanctions-against-russia-explained/#sanctions.

Crawford, Neta (2019). «Pentagon Fuel Use, Climate Change, and the Costs of War .» Costs of War, Watson Institute, Brown University 1-46.

Altvater, Elmar. (2018). «El Planeta Tierra, el sistema capitalista mundial y las múltiples crisis sistémicas.» En Sociología Política del Colapso Climático Antropogénico, de John Saxe-Fernández (coordinador), 111-130. Ciudad de México: Universidad Nacional Autónoma de México.

BBC (2022). «El precio del gas se dispara en Europa luego de que Rusia recortara los suministros a Alemania .» BBC News. 27 de Julio. Último acceso: 09 de Enero de 2023. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-62319304.

International Energy Agency. (2022). «How Europe can cut natural gas imports from Russia significantly within a year.» IEA. 03 de Marzo. Último acceso: 07 de Enero de 2023. https://www.iea.org/news/how-europe-can-cut-natural-gas-imports-from-russia-significantly-within-a-year.

Nord Stream. (s/f.) Nord Stream, Operations. Último acceso: 04 de Enero de 2023. https://www.nord-stream.com/operations/.

PBS News Hour. (2022). «Gas leaks in Baltic Sea could equate to 1/3 of Denmark’s CO2 emissions, official says.» PBS News Hour. 28 de Septiembre. Último acceso: 19 de Enero de 2023. https://www.pbs.org/newshour/world/gas-leaks-in-baltic-sea-.

U.S Energy Information Administration. (2021). «What countries are the top producers and consumers of oil?» U.S Energy Information Administration. Último acceso: 22 de Enero de 2023. https://www.eia.gov/tools/faqs/faq.php?id=709&t=6.

World Bank. (2021). «Population Total, Germany.» World Bank Data. Último acceso: 25 de Enero de 2023. https://data.worldbank.org/indicator/SP.POP.TOTL?locations=DE.

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