Militarización de las favelas de Río de Janeiro y mujeres que resisten desde la doloridad

Hannia Andrea Rodríguez Jiménez

Quantos mais vão precisar morrer pra que essa guerra acabe?

Marielle Franco

La ciudad de Río de Janeiro ha sido caracterizada por la intensa represión y violencia policial ejercida contra la población negra que se concentra en las favelas. Estos actos se han presentado de manera histórica, pero la puesta en acción de la estrategia de seguridad pública de “pacificación” a finales de la primera década de los dos mil produjo un escenario atravesado por una mayor y profunda violencia. Dicha estrategia de seguridad se estableció en el marco de una serie de mega eventos cuya principal preocupación era generar mayor inversión y satisfacción de los intereses del capital (Barrios, 2020). En consecuencia, tanto hombres como mujeres faveladas se vieron envueltos en un continuum de violencias con repercusiones en su vida cotidiana.

Con ello en mente, es necesario remarcar la relevancia que tiene esta violencia en los cuerpos de los diferentes habitantes, pero, sobre todo, de las mujeres, pues su presencia en los análisis es constantemente relegada. Por otro lado, es fundamental mirar hacia ellas debido a que desde sus vivencias articulan movimientos de resistencia, que son unidos a través de la “doloridad”, contra la violencia policial racista que les está matando.

La construcción de un espacio segregado

Las favelas, habitadas principalmente por hombres y mujeres negras, se han construido históricamente como espacios de segregación en donde fueron concentradas y relegadas aquellas personas que, por parte de un Estado racista y de herencia esclavista, no son consideradas como sujetos y sujetas con capacidad de existir dentro de un ordenamiento moderno-colonial (Dahmer, 2022). En otras palabras, las favelas fueron producidas como el lugar de la existencia del “otro”, el lugar de la diferencia.

En este sentido, las favelas son entendidas fuera del resto de la ciudad y sobre ellas se construyeron representaciones que les categorizaron como espacios “inseguros”, “problemáticos”, “peligrosos”, “incivilizados” y “violentos”. Asimismo, estas representaciones no sólo son atribuidas al espacio físico, sino que también se aplican sobre quienes allí habitan, reforzando así un discurso racista que ve a las personas negras desde una connotación negativa.

La visión sobre estos territorios y quienes los habitan tuvo como consecuencia que se legitimara ante el resto de la sociedad un discurso de seguridad pública que abogaba por la represión y control de sus habitantes mediante prácticas cada vez más violentas y represivas, o, en otras palabras, a través de su militarización.[1]

La militarización y sus consecuencias sobre las mujeres.

Como se mencionó anteriormente, a partir del desarrollo de una serie de mega eventos, marcados por el inicio de los Juegos Panamericanos de 2007, en Río de Janeiro se comenzó con una estrategia llamada “Pacificación”, que consistía en la inserción de un gran número de agentes policiales con el objetivo de combatir la inseguridad y el tráfico de drogas dentro de las favelas. Irónicamente, este hecho no trajo paz sino todo lo contrario. Lo más contundente fue el incremento de las muertes a manos de las fuerzas armadas o por la violencia derivada de su presencia. De ahí que sea ilustrativo que, de acuerdo con Fundo Brasil dos Direitos Humanos (s.f), de 2008 a 2013 se contabilizaron los asesinatos de 11,197 personas por oficiales de la Policía Militar (PM).

El programa se dió por “concluido” en 2018 tras no cumplir con los objetivos (Souza, Barbosa, Simão en de Andrade y Veillette, 2021) pero, la PM no ha cesado desde entonces sus funciones dentro de las favelas y los actos de control, vigilancia y violencia continúan. En otras palabras, se mantiene una completa militarización del espacio por parte del Estado brasileño, en el sentido en que es funcional para el disciplinamiento de las corporalidades racializadas que allí habitan y cuyas vidas pueden y deben de ser eliminadas.

Lo anterior tiene su máxima representación en el asesinato de miles de jóvenes negros y negras cada año.[2] Este hecho por sí mismo es devastador, sin embargo, en ocasiones no es percibido la magnitud del mismo y el impacto que tiene en otras personas. Con esto me refiero a lo que experimentan quienes sobreviven a ese acto, es decir, familiares que en la mayoría de los casos son mujeres como madres, compañeras o hermanas.

Estas historias generalmente no son consideradas ni recolectadas debido a que la estadística se centra en la recopilación del número de muertes y, en ella, los hombres ocupan el mayor porcentaje. Las vivencias de estas mujeres importan, incluso cuando no es a ellas a quienes directamente atacan las balas, porque la violencia no puede reducirse a un número. Importan porque en ellas queda un sentimiento desgarrador por la pérdida de un ser querido que envuelve rabia, desesperación, profunda tristeza y, en ocasiones, enfermedades.

Por otra parte, estas mujeres también vuelven a experimentar actos de violencia cuando intentan buscar justicia. Son minimizadas y abandonadas por un sistema de total impunidad que no considera importante las vidas de las personas negras y que no garantiza en ningún momento la reparación del daño. “Superar la pérdida, enfrentar sus consecuencias y transformar el dolor y el luto en coraje y perseverancia acaba convirtiéndose prácticamente en un esfuerzo individual y solitario” (Moura, 2007, p. 95).

A pesar de ello, la realidad dicta que la individualización de su lucha no ocurre pues aquellas madres, esposas e hijas encuentran respaldo en donde históricamente lo han tenido: otras mujeres negras, a quienes une la doloridad. Doloridad, que es aquel sentimiento de “vacío, ausencia, de no poder hablar, el dolor causado por el racismo. Ese dolor negro” (Piedade, 2017, s/p). Por lo tanto, entre y desde ellas se tejen redes de resistencia que les permite confrontar y cuestionar el orden social racista, militarista, colonial y patriarcal impuesto en Brasil.

Sus voces y sus acciones son un constante recordatorio de la injusticia y de la desigualdad, pero también de un legado histórico de mujeres negras que han luchado en el territorio brasileño a través de manifestaciones, acompañamiento y un hacer política distinta, es decir, desde una base de organización comunitaria. Marielle Franco[3] hoy es símbolo de ese movimiento, un símbolo que tras su asesinato también representa el peligro que esas mujeres corren por cuestionar un orden social racista tan bien cimentado. No obstante,  la lucha sigue y como ella misma expresó,  as rosas da resistência nascem no asfalto.[4]


[1] Se entiende como militarización el uso de las fuerzas armadas que, bajo una lógica bélica, desarrolla funciones originalmente atribuídas al orden civil como lo es la seguridad pública. Lo que deriva en la concepción del espacio público como un campo de batalla (de Mattos, 2019).

[2] De acuerdo con el Atlas da Violência (Cerqueira, D; et. al. 2021) Río de Janeiro en 2019 fue el estado de Brasil con mayor número de muertes violentas. Ese mismo año, según datos del Mapa da Desigualdade (Casa Fluminense, 2020), 78% de los asesinatos cometidos por agentes del Estado tuvieron como víctimas a personas negras.

[3] Marielle fue una mujer negra habitante de la favela de Maré y socióloga con maestría en Administración Pública, que mantuvo un activismo político en contra de la violencia policial dentro de las favelas de Río de Janeiro, así como por  los derechos de  las mujeres y personas lgbt+. Lamentablemente, el 14 de marzo de 2018 fue asesinada en un atentado en el que dispararon 13 veces contra el vehículo en el que se transportaba. Hasta el día de hoy no se sabe quién la mandó matar y por qué.

[4] Traducción: Las rosas de la resistencia nacen en el asfalto. Esto podemos interpretarlo como un mensaje para continuar haciendo frente a la violencia policial que se vive en las favelas aunque las condiciones sean adversas.


Referencias:

  • Barrios, D. (2020). Cidade maravilhosa, ciudad neoliberal, ciudad sádica… Río de Janeiro en la vuelta del siglo. Territorio y violencia. Construcción de identidades. s.d. pp. 101-111.
  • Cerqueira, D; et. al. (2021). Atlas da Violência. Fórum Brasileiro de Segurança Pública. https://forumseguranca.org.br/wp-content/uploads/2021/12/atlas-violencia-2021-v7.pdf
  • Casa Fluminense. (2020). Mapa da desigualdade. [mapa]. https://casafluminense.org.br/mapa-da-desigualdade/

● Dahmer, T. (2022). Militarização e judicialização: resistências de mulheres em favelas do Rio de Janeiro. Revista Libertas, 22(2), pp. 383-402.

● de Andrade, N., Veillette, A. (2021). Mulheres de favelas e o (outro) feminismo popular. Revista Estudos Feministas, 30(1), pp. 1-14.

● de Mattos, L. (2019). Militarização e democracia no Rio de Janeiro: efeitos e legados da “pacificação” das favelas cariocas. Revista Ensaios. 14, pp. 80-98.

● Franco, M. (2014). UPP – A redução da favela a três letras: uma análise da política de segurança pública do estado do Rio de Janeiro. [Tesis de maestría, Universidade Federal Fluminense]. Repositorio institucional UFF. https://app.uff.br/riuff/handle/1/2166.

● Fundo Brasil dos Direitos Humanos. (s.f.) Cartilha pela desmilitarização da Polícia y da Política. https://desmilitarizar.wordpress.com/materiais/

● Gonzalez, L. (2020). Por um feminismo afro-latino-americano: ensaios, intervenções e diálogos, Zahar.

● Moura, T. (2007). Rostos invisíveis da violência armada: um estudo de caso sobre o Rio de Janeiro. 7Letras.

● Melino, H; Gomes, T; Nascimento, A; Sales, I; Viana, N; Willadino, R. (2022). Violência contra mulheres e letalidade feminina no Rio de Janeiro. Observatório de favelas.

● Piedade, V. (2017). Dororidade. Nós. https://doceru.com/doc/s0vv5s0

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