La guerra contra el Darién panameño: resistencia ante la conquista, el extractivismo y la necropolítica migratoria.

Mariana Yáñez García

Smithsonian Tropical Research Institute

“La guerra hoy es contra lo que no se somete, contra los pueblos, contra la autodeterminación […]. Es contra todo lo no institucionalizado, contra la posibilidad de otros mundos, […] de poder organizar la vida al margen o a contracorriente del capitalismo.” Ana Esther Ceceña, 2004.

Abarcando la frontera Panamá-Colombia se encuentra el Darién, una región altamente inaccesible de selva tropical, montañas y ríos que no cuenta con carreteras que la atraviesen. Conocida como “El Tapón de Darién”, la selva conecta naturalmente al continente americano a la vez que lo separa (Castro, 2006). Ha tomado relevancia recientemente debido al aumento en flujos migratorios multicontinentales que toman la arriesgada decisión de atravesarla a pie.

A través del tiempo, se ha construido el mito de un Darién salvaje y peligroso rodeado de muerte, violencia e ilegalidad. Su reputación es fundamentada por experiencias de migrantes, pero también alimentada por un Estado panameño que encuentra en la narrativa una justificación para sus omisiones ante las dinámicas extractivistas que amenazan a la selva y a quienes la habitan (Bilbao, 2019). 

Darién ha sido históricamente un espacio de resistencia ante una guerra que pasa desapercibida, por lo que es preciso señalar elementos que son parte del ataque a la región y algunas expresiones que nacen en su defensa.  Dicha resistencia se remonta a las primeras invasiones españolas durante las que la selva se mantuvo impenetrable para los colonizadores que a cambio de sus esfuerzos recibieron muerte y enfermedades (Castro, 2006). La inaccesibilidad del Darién y su resistencia natural a ser organizada en función de la dominación fue determinante para los límites de la conquista. Así, la percepción del Darién como un espacio no conquistado ha hecho que en las últimas décadas ante la búsqueda de una dominación completa del espacio global su control sea objeto de deseo del capital. 

Además, contrario a la desolación que pinta su mito, ha sido históricamente habitado por pueblos originarios como los Gunadule, Wounaan y Emberas. Ante las persecuciones coloniales el aislamiento de Darién les permitió un refugio donde resistir colectivamente y garantizar protección a sus culturas y saberes, enfrentando las invasiones con guerrillas (Castro, 2006).

Hoy los pueblos originarios y campesinos del Darién resisten ante un modelo de desarrollo extractivista depredador que deforesta para el tráfico ilegal de maderas, monocultivos de palma aceitera, la venta ilegal de tierras y la quema para su uso ganadero (COVEC, 2018). El despojo de sus territorios obliga a abandonarlos y pone en riesgo su legado cultural estrechamente ligado al territorio que habitan, como los cultivos tradicionales, bailes y botánica (Bilbao, 2019). 

Las denuncias de la crisis de deforestación han caído en los oídos sordos de un gobierno que sostiene que es un mejor uso de la tierra que la preservación selvática, es decir, el mantenimiento y reproducción de la vida, negando mientra la posesión legal de las tierras a los campesinos en el territorio (Bilbao, 2019). 

La defensa del Darién panameño contra la degradación capitalista ha quedado en manos de sus pueblos quienes han desarrollado estrategias como el uso de drones para mapeo del territorio y recolección de pruebas, conteo de aves y reforestación para atender los daños, además de demandas y publicaciones periodísticas (Bilbao, 2019). 

La crisis migratoria es otra amenaza a la que se enfrenta la región. Desde la implementación de políticas de regulación de flujos migratorios en 2016, la ruta clandestina del Darién se ha popularizado, con cifras sorprendentemente altas este año (Cabrera, A. y Carrera, J., 2022). Quienes cruzan no solo se enfrentan a los peligros de la selva, sino también al narcotráfico y a la trata de migrantes (Cabrera, A. y Carrera, J., 2022).

Recientemente, Panamá mencionó que Darién no debe ser considerado una ruta migratoria debido a los riesgos (EFE Comunica, 2023), argumento con el que pretende justificar su desentendimiento de las condiciones de muerte a las que se expone a los migrantes e ignorando que esta crisis migratoria no es más que el resultado de políticas deshumanizantes que no garantizan rutas seguras fuera del Darién para la migración.

Dada la tendencia a la externalización de sus fronteras, Estados Unidos ha tenido gran influencia en la situación, aumentando fuertemente la inversión para la reducción del flujo migratorio y poder contrarrestar al narcotráfico (Garces, 2022). Si bien se dice oficialmente que solo se ofrece asesoramiento y capacitación al Servicio Nacional de Fronteras, recientes rumores en la prensa internacional alertan de interés por enviar tropas al Darién (Kube, C., 2023). Sin embargo, aún solo siendo capacitaciones, la propia política migratoria de Estados Unidos deja clara su disposición a violar de manera profunda y reiterada derechos humanos en nombre de la seguridad nacional, empeorando las condiciones de la frontera.

A pesar de la exposición a la muerte y la influencia estadounidense, los flujos migratorios no se han reducido, sino que han aumentado (Garces, 2022), lo que demuestra que la disuasión no es suficiente para resolver la situación migratoria, sino que, sin condiciones de bienestar, ya sea en sus países de origen o en una ruta, la migración a través del Darién permanecerá.

Debe notarse que las resistencias mencionadas existen en interacción: la selva densa sigue siendo barrera natural a la ocupación militar y las comarcas indígenas suelen ofrecer recursos básicos a los migrantes que llegan, así como también son amenazadas por el crimen organizado.

El ataque al Darién se pronuncia desde la reputación que busca apelar a la necesidad de control y militarización de la frontera mientras que niega la existencia de los pueblos que la habitan y defienden. Todo esfuerzo que ha habido por conquistar y ordenar en nombre del modelo de desarrollo depredador es incompatible con las formas relacionales que priorizan la vida en la región. A su vez, el abandono del Darién por parte del gobierno ha permitido la intromisión de intereses hegemónicos globales sobre la defensa de su propia población y la población migrante.

Me parece entonces que el Darién representa aquello insometible que menciona Ceceña en la cita inicial. Insometible es la red de vida que forma la selva, la resistencia de sus pueblos y los migrantes que la atraviesa, todas desafiando ordenamientos impuestos desde la dominación y degradación de la vida para priorizar la dignidad. En todos los sentidos, la guerra es contra el Darién y el Darién la resiste.

Referencias:

Bilbao, G., (2019). La estrategia de los indígenas panameños para proteger los bosques del Tapón del Darién. https://es.mongabay.com/2019/06/indigenas-panama-darien-video/ 

Cabrera, A. y Carrera, J., (2022). Darién, territorio estratégico en disputa. https://saberesyciencias.com.mx/2022/08/05/darien-territorio-estrategico-disputa/ 

Castro Herrera, G., (2006). El Istmo en el mundo. Elementos para una historia ambiental de Panamá. Revista Signos Históricos, 16, julio diciembre, 152-183. https://www.scielo.org.mx/pdf/sh/v8n16/1665-4420-sh-8-16-152.pdf 

Ceceña, A., (2004). Militarización y resistencia. OSAL, Observatorio Social de América Latina, año V, no. 15, sep-dic 2004, 33-44. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20110308111913/4cecena15.pdf 

Colectivo Voces Ecológicas, COVEC. (2018). Darién. La resistencia ante el extractivismo y palma aceitera. https://www.radiotemblor.org/darien-la-resistencia-ante-el-extractivismo-y-palma-aceitera/ 

Cortés, G., (2023). El Darién, donde el pavor y la fe chocan en la encrucijada por un futuro mejor. https://news.un.org/es/story/2023/05/1521417 

Garces, D., (2022). La crisis migratoria en el Darién no tiene fin. https://razonpublica.com/la-crisis-migratoria-darien-no-fin/ 

EFE Comunica, (2023). Panamá refuerza la seguridad en el Darién para combatir a criminales que asaltan a los migrantes. https://efe.com/mundo/2023-06-02/panama-refuerza-la-seguridad-en-el-darien-para-combatir-a-criminales-que-asaltan-a-los-migrantes/

Kube, C., Lee, C. y Ainsley, J. (2023). Senior Biden officials are pushing to send U.S. troops to South American jungle to help curb human smuggling. https://www.nbcnews.com/politics/immigration/senior-biden-officials-are-pushing-send-us-troops-south-american-jungl-rcna85574 

La Guerra Fría de la Inteligencia Artificial: una guerra transformada por el desarrollo tecnológico en los conflictos contemporáneos

El debate, marzo 2023, URL: https://www.eldebate.com/internacional/20230306/asi-bumeran-veloz-e-indetectable-dron-kamikaze-ruso_97711.html

Shanty Pamela Santana Hernández

“El éxito en la creación de IA sería el evento más grande en la historia de la humanidad. Desafortunadamente, también podría ser el último, a menos que aprendamos a evitar los riesgos”.

 –Stephen Hawking.

Los conflictos armados han sido el motor para el desarrollo de la industria armamentista y la mejora de los medios para la guerra.[1] Con el paso del tiempo, el campo de batalla ha evolucionado más allá de las trincheras, modificando las zonas únicas de conflicto. Ahora, en el siglo XXI, la guerra se está librando en un nuevo frente: el mundo digital y el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA). Ambos ámbitos están hoy desempeñando un papel fundamental como parte de esta nueva transformación de la guerra.

La IA toma diferentes conceptualizaciones, por lo que no hay una definición general. Sin embargo, partiendo de la definición de la Comisión Europea, esta hace referencia a los sistemas que manifiestan un componente inteligente, capaces de analizar su entorno y las acciones, al grado de alcanzar cierta autonomía con el fin de lograr objetivos específicos.[2] En los últimos años, la IA se ha utilizado para conflictos armados, su implementación en las dinámicas militares ha sido un punto de inflexión importante que modifica la forma en que la guerra se desarrolla.

La Revolución de la Inteligencia Artificial en los conflictos contemporáneos

Desde la Primera Guerra Mundial, la guerra ha incentivado el desarrollo de innovaciones tecnológicas, de la industria armamentista, sobre todo, quien ha creado tecnologías que funcionan de forma estratégica para la defensa del territorio. A partir de la conflagración, cada conflicto estuvo marcado por avances importantes en ámbitos como el de la aviación, la energía nuclear, la mejora de vehículos terrestres y navales, entre otros.

El advenimiento del siglo XXI representó una nueva concepción en la forma de hacer la guerra. En la actualidad, nos enfrentamos a una dinámica distinta en la que los conflictos se transforman por el uso de nuevos artefactos como lo es la Inteligencia Artificial (IA), que ha tenido un importante desarrollo en los últimos años y cuya aplicación se ha vuelto cada vez más frecuente para librar contiendas.

Pero este tipo de tecnología ha sido la base para la generación de nuevos instrumentos que acrecientan las asimetrías entre los actores del escenario internacional. Los conflictos se desarrollan de manera más desigual, inclinando la balanza hacia los agentes que ejercen mayor poder de combate y con mayor aplicación tecnológica en la guerra (por ejemplo lo que se vislumbraba en la disputa por la superioridad militar en el periodo de Guerra Fría entre los bloques capitalista y socialista, que buscaban una ventaja tecnológica).[3]

La Inteligencia Artificial (IA) se ha aplicado de diferentes maneras, desde sistemas de armas autónomas hasta el análisis de datos en tiempo real, y ha generado una serie de impactos profundos en la forma en que se llevan a cabo las operaciones militares, transformando las tácticas y estrategias en los conflictos actuales. Ante este nuevo panorama, nos encontramos en una pugna internacional por alcanzar la supremacía del desarrollo tecnológico y la IA en cuanto a programas armamentistas en esta nueva carrera.

Es por ello que autores como Pedro Sánchez Herráez llaman a esta dinámica la Nueva Guerra Fría,[4] en referencia al posicionamiento que Estados Unidos, China y Rusia están tomando al invertir grandes cantidades de dinero en el desarrollo científico y tecnológico, a fin de liderar esta nueva carrera tecnológica. A su vez, se abre paso al surgimiento de nuevas áreas de oportunidad, en las cuales incide ya no sólo el temor del uso de armas nucleares sino enfrentamientos en el medio digital con los ciberataques, el empleo de herramientas cada vez más sofisticadas como los vehículos no tripulados o drones, la visión aumentada y la automatización para la toma de decisiones mediante robots, por mencionar algunos.

¿Cómo se utiliza la Inteligencia Artificial en el ámbito militar?

De acuerdo con el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), actualmente la IA se encuentra en todas las actividades militares. Se tiene calculado que para el 2028, el volumen en el mercado asociado con la IA en el ámbito militar supere los 13 700 millones de dólares.[5] El ejemplo más conocido es el de los sistemas autónomos de combate o drones, los cuales han estado presentes en la guerra en Ucrania, los llamados “drones kamikaze” utilizados por Rusia y cuya función es la de bombardear zonas específicas y teniendo un objetivo concreto, logrando el ataque de manera inmediata y sin la presencia de un humano.

Otro ejemplo es el de la rápida detección y análisis de posibles amenazas a partir del estudio y observación de grandes cantidades de datos que un ser humano no podría realizar en menor tiempo.[6] En este caso, la IA es capaz de evaluar y analizar imágenes y situaciones de riesgo en el campo de batalla para construir un escenario que sea lo más acertado posible, a partir de diversas variables que se encuentran en el entorno correspondiente. Lo que hace interesante a la IA es la gran capacidad de estos sistemas para realizar diferentes actividades que van desde lo cotidiano como smartphones hasta su uso especializado en armas con capacidad de trabajar por tierra, mar y aire.[7]

Conclusiones

Nos encontramos frente a una innovación tecnológica que es capaz de adaptarse a distintas tareas en el ámbito militar y cuyo desempeño ha modificado las dinámicas en los conflictos, como el análisis de datos, el control y toma de decisiones, la detección de objetos, entre otras. La IA ha facilitado el acceso militar a zonas de guerra complicadas y predecir hasta cierto punto escenarios de guerra, lo que obliga básicamente a que los actores internacionales están en constante actualización tecnológica e inviertan en sistemas de defensa tangibles e intangibles.

Ante este panorama es importante reflexionar sobre la aplicación de estos sistemas en la guerra, en especial su nivel de destrucción ya que al no ser manipulados directamente por humanos, alcanza territorios a los que, sus características geográficas impiden el acceso de tanques y soldados, deshumanizando aún más el acto de la guerra.

Fuentes de consulta:

Arreola, Javer; China, EU y la guerra por la Inteligencia Artificial, [en línea], 2018, URL; https://www.forbes.com.mx/china-eu-y-la-guerra-por-la-inteligencia-artificial/ [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Calvo Löbbe, D. La Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra [en línea]. 2022. Lisa News. URL: https://acortar.link/ZXmSwa [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Euro News. Los peligros de la Inteligencia Artificial como arma de guerra [en línea]. 2023. EuroNews. URL: https://es.euronews.com/2023/02/17/los-peligros-de-la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

García, Caterina; “Las ‘nuevas guerras’ del siglo XXI. Tendencias de la conflictividad armada contemporánea” en Working Pappers, núm. 323, Institut de Ciències Polítiques et Sociales, Barcelona, 2013, 25 pp.

Micó, J. L. La guerra fría de la inteligencia artificial [en línea]. 2018. La Vanguardia. URL: https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20180323/441857328514/guerra-fria-inteligencia-artificial.html. [Consultado el 27 de agosto de 2023].

Sánchez Herráez, P; La nueva pugna de las potencias: ¿guerra mundial 3.0 o guerra fría 2.0?, Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2023, p. 12. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Stockholm International Peace Research Institute, El gasto militar mundial supera los 2 billones de dólares por primera vez, [en línea], 2022, Sipri, URL: https://www.sipri.org/sites/default/files/2022-04/milex_press_release_esp.pdf [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Suárez Jorge; “La Inteligencia Artificial como arma de guerra”, [en línea]. 2022. MIT SRM México. URL: https://mitsloanreview.mx/destacado-home/la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra/  [Consultado el 28 de agosto de 2023].


[1] Jorge Suárez; “La Inteligencia Artificial como arma de guerra”, [en línea], 2022, MIT SRM México. URL: https://mitsloanreview.mx/destacado-home/la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra/  [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[2] Calvo Löbbe, D. La Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra, [en línea]. 2022. Lisa News. URL: https://acortar.link/ZXmSwa [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[3] Caterina García; “Las ‘nuevas guerras’ del siglo XXI. Tendencias de la conflictividad armada contemporánea” en Working Pappers, núm. 323, Institut de Ciències Polítiques et Sociales, Barcelona, 2013, p. 9.

[4] Pedro Sánchez Herráez, La nueva pugna de las potencias: ¿guerra mundial 3.0 o guerra fría 2.0?, Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2023, p. 12. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[5] Euro News. Los peligros de la Inteligencia Artificial como arma de guerra, [en línea]. 2023. EuroNews. URL: https://es.euronews.com/2023/02/17/los-peligros-de-la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[6] Calvo Löbbe, D. La Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra, [en línea]. 2022. Lisa News. URL: https://acortar.link/ZXmSwa [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[7] Ibid.

El uso del armamento biológico por el ejército japonés y las repercusiones en la seguridad humana del siglo XXI

Natalia González González

Haofei, W. apan’s Unit 731 conducting biological warfare research in Jilin province, China, in 1940.

Cuando las Armas de Destrucción Masiva (ADM) entran a discusión, se vislumbra un entendimiento de su riesgo y lo que su creación, desarrollo y proliferación significan para el sistema internacional. Sin embargo, la narrativa occidental de la seguridad se ha enfocado, principalmente, en las armas nucleares y armas químicas, olvidando aparentemente la existencia de armamento biológico. La atención a este tipo de armamento sólo cobra relevancia cuando alguna nota periodística advierte del descubrimiento de laboratorios biológicos encaminados al desarrollo de estas armas o, de igual manera, cuando se hacen notar incidentes biológicos en espacios estratégicos, como el ataque bioterrorista de 2001 en Washington (United States Department of Justice, 2010) o, de manera más reciente, cuando se ponen sobre la mesa las diversas respuestas ante la pandemia de COVID-19.


Breve historia del armamento biológico: el caso japonés.


Durante el reinado del emperador Hirohito en Japón, específicamente durante la toma de control sobre Manchuria en 1932, se estableció un centro de investigación de guerra biológica en la ciudad de Harbin. En 1937, también por mandato imperial, se estableció la Unidad de Prevención de Epidemias y Suministro de Agua Potable, conocida para el año de 1941 como Unidad 731. Esta unidad militar de investigación bacteriológica, bajo la dirección del General Shitō Ishii, estuvo encargada de la creación de armas químicas y biológicas para su subsecuente implementación en el campo de batalla (Metcalfe, 2002).

En aquel centro, no sólo se realizaban investigaciones controladas en animales como sujetos de prueba, sino que se practicaban las mismas intervenciones en prisioneros de guerra, provenientes de China, Corea y la Unión Soviética. Desde el año 1936 y hasta 1945, se realizaron pruebas que incluían el sometimiento a monitoreos de contagios intencionados, así como amputaciones sin anestesia y extracción de órganos (Van Sant, 2013).


Los científicos japoneses habían participado en investigaciones sobre guerra biológica (BW) y química (CW) en toda la región desde el momento en que Japón ocupó toda Manchuria en 1931-1932 hasta su rendición en agosto de 1945. Los científicos, con el apoyo entusiasta del gobierno, erigieron bases secretas en todo el territorio. Aquí los científicos podían experimentar libremente con animales y seres humanos sin interferencia de ninguna autoridad. Japón, durante su ocupación, convirtió a Manchuria en un gigantesco laboratorio de guerra biológica y química (Harris, 1994, p. 115).


El desarrollo de armamento biológico incluía la creación de vectores para su eventual entrega, ejemplo de ello son las bombas de porcelana y balones llenos de pulgas infectadas de agentes bacterianos que se desplegaban en espacios estratégicos como zonas agrícolas, suministros de agua y puertos importantes. Los objetivos de dichos vectores se encontraban especialmente en las provincias chinas de Hunan y Chekiang, pero también estaban dirigidas a las tropas estadounidenses ubicadas en Saipan. Desde este momento, se denotó la vulnerabilidad existente en espacios y recursos estratégicos, debido a la importancia del corredor Hunan-Chekiang para el suministro de alimentos de la costa este de China, especialmente a Nanchang, contando con vías de ferrocarril y ríos por las que la armada japonesa, y las guerrillas de resistencia chinas, se transportaban.

Pero, ¿qué ocurre después de la disolución de este programa?

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el programa biológico estadounidense, una de las dos superpotencias, se nutrió del anterior programa biológico japonés, brindando total impunidad a los miembros de la Unidad al momento de su juicio con una supuesta insuficiencia de pruebas y bloqueos al acceso de testigos, a cambio de información recabada de los experimentos realizados en esta. [1]

En 1966, dio inicio la dispersión de estimulantes biológicos inofensivos en el sistema de trenes subterráneos de Nueva York, con el objetivo de probar una posible vulnerabilidad ante ataques biológicos debido a la propuesta de acciones experimentales dentro del territorio, pero ante la percibida amenaza de ataques biológicos contra territorio estadounidense, el presidente Richard Nixon anunció en 1969 el desarme unilateral del programa ofensivo de armas biológicas en los Estados Unidos (Carus, 2017).

En el año de 1972, se crea la Convención sobre Armas Biológicas (CAB). Si bien Estados Unidos participa, no tardaría en declarar un alto en la participación, lo que conllevaría a la falta de un régimen de verificación para un Protocolo sobre Armas Biológicas hasta la actualidad y el reconocimiento de un posible uso de armamento biológico por los adversarios del mismo país. La afirmación de la no utilización de armamento biológico por los Estados Unidos se da a partir de 1999.


Reflexiones:
La creación y desarrollo de programas de armamento biológico se considera a menudo en el discurso como algo totalmente prohibido, sin embargo, la historia reciente ha demostrado que el uso, desarrollo y evolución del armamento biológico no es un mito como se esperaría, identificándose no sólo como un riesgo a la seguridad nacional de países como Estados Unidos, China y Japón, sino una amenaza a todo el sistema internacional en su conjunto.

Asimismo, la exposición de poblaciones, infraestructura y espacios estratégicos hacia este armamento se unen a la facilidad en la que este puede ser diseminado por actores estatales y no estatales. El uso hacia blancos civiles, zonas agrícolas, e infraestructura, denota la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las poblaciones a nivel mundial, ya que, hasta ahora, los planes estatales se concentran en la defensa y protección de las fuerzas armadas o bien la contención de los patógenos liberados después de su (difícil) identificación. Las acusaciones de uso de armamento biológico por el ejército estadounidense durante conflictos no han terminado, como ocurrió durante la Guerra de Corea.
Igualmente, durante las últimas décadas, China se ha posicionado como uno de los principales apoyos en cuestión de negociaciones en materia de armamento biológico considerando su historia. No obstante, los planes chinos en caso de una emergencia biológica se encaminan a unidades de sanitización, identificación de métodos de envío (como insectos) y se apegan a una definición de seguridad nacional defensiva. Según Escalante (2017), se trata de “cultura estratégica defensiva, una perspectiva de que el mundo es hostil, y que China está amenazada por todos los frentes, tanto internos, como externos, en comparación con otras potencias regionales como Japón, Corea del Sur, Australia o incluso Estados Unidos” (p. 337).


Actualmente, los Estados Unidos identifican a China, Corea del Norte, Rusia e Irán como probables países que mantienen el conocimiento y la capacidad de producir y utilizar patógenos y toxinas, haciendo de lado el uso histórico de estos mismos por la milicia estadounidense, el conocimiento adquirido mediante el programa biológico japonés para la evolución de su propio programa biológico y el nulo compromiso por la creación de un Protocolo de Armas Biológicas.


De esta manera, la adquisición de conocimiento de armamento biológico por el programa japonés, aunado a la impunidad de los investigadores a cambio de información, sentarían pautas que no sólo denotan las asimetrías de poder en las relaciones internacionales, sino también la falta de justicia, compromiso y viabilidad del desarme y la no proliferación de Armas de Destrucción Masiva.


Igualmente, no debe olvidarse que en cuestión de seguridad, Japón también se vio fuertemente afectado debido a los sucesos de la Segunda Guerra Mundial, ya que, aunque se dio el indulto a investigadores de guerra biológica, según el artículo 9 de la Constitución de Japón, se renuncia a la guerra como derecho soberano de la nación, “no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire como tampoco otro potencial bélico” (Prime Minister’s Office of Japan, s.f). Fue relegada la tarea de vigilancia, identificación y/o contención de incidentes biológicos a las fuerzas policiales, sucesos ya ocurridos en las décadas de 1980 y 1990 (Clark & Pazdernik, 2016).


En conclusión, la creación y verificación de un Protocolo de Armas Biológicas se trata de un tema delicado, empero necesario. Si bien, “ningún Estado reconoce hoy día que posee armas biológicas o que tiene un programa para desarrollarlas” (Gillis, 2017, p. 58), no es tomado en cuenta el uso dual de agentes biológicos ni la implementación de nuevo conocimiento y tecnologías sobre patógenos y toxinas fuera de ámbitos militares, tampoco la necesidad de una efectiva regulación en lo que refiere a empresas farmacéuticas y laboratorios que cuentan con cepas biológicas.

[1] La historia del armamento biológico en los Estados Unidos se retoma desde el año de 1942 con el inicio del Programa Ofensivo de Armamento Biológico. El programa fue incentivado por el ambiente internacional de la época, teniendo en cuenta los programas biológicos desarrollados por Alemania y el gran avance en el área por Gran Bretaña, lo que inició una carrera armamentista en términos biológicos. La información extraída del programa biológico japonés constituyó una importante evolución para los Estados Unidos, situación reconocida por el General estadounidense Douglas MacArthur (presente también en la Guerra filipino-estadounidense y la Guerra de Corea), quien se encontraba a cargo de la ‘reconstrucción’ de Japón, así como de la recolección de pruebas sobre guerra biológica japonesa (Leavitt, W. M., 2015).

Referencias:

  1. Escalante, M. (2017). “La cultura estratégica China y su política exterior nacionalista en el Siglo XXI. Reflexiones para América Latina”, América Latina y el Caribe. Relaciones políticas e internacionales 2017, México, 337 pp.
  2. Carus S. (2017), A Short History of Biological Warfare: From Pre-History to the 21st Century. Center for the Study of Weapons of Mass Destruction, Washington, D.C, 45 pp.
  3. Clark, D. P., & Pazdernik, N. J. (2016). Biological Warfare: Infectious Disease and Bioterrorism. Biotechnology, 687–719.
  4. United States Department of Justice. (2010), Amerithrax investigative summary. Washington, D.C. https://www.justice.gov/archive/amerithrax/docs/amx-investigative-summary.pdf
  5. Gillis, M. (2017). Disarmament a basic guide. UNODA. Nueva York, 105 pp.
  6. Fleury, J. S. (2022). THE RISE AND FALL OF THE JAPANESE EMPIRE (CHAPTER XX). 40 pp.
  7. Harris, S. (1994) Factories of Death: Japanese Biological Warfare, 1932-45, and the American Cover-up, Rutledge, 385 pp.
  8. Herrera, D. (2017). “Producción estratégica del espacio y hegemonía mundial. La confluencia en el estudio de la Geografía política y la Geopolítica” en León Hernández, E. (coord.); Praxis espacial en América Latina. Lo geopolítico puesto en cuestión. UNAM, Itaca, México, pp. 129-152.
  9. Metcalfe, N. (2002). A Short History of Biological Warfare. Medicine, Conflict and Survival, 18(3), 271–282.
  10. Prime Minister’s Office of Japan. (s.f.). The Constitution of Japan. https://japan.kantei.go.jp/constitution_and_government_of_japan/constitution_e.html
  11. State Council Information Office of the People’s Republic of China. (2019). China’s National Defense in the New Era. 51 pp.
  12. U.S. Department of Defense. (2023). Biodefense Posture Review. 56 pp.
  13. Van Sant, J. E. (2013). [Review of Japan’s Wartime Medical Atrocities: Comparative Inquiries in Science, History, and Ethics, by J.-B. Nie, N. Guo, M. Selden, & A. Kleinman]. Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, 68(1), 154–156.

Presencia militar de la República Popular China en África: la base militar china en Yibuti

Esteban Valverde Nava

Washington Post

En décadas recientes, la República Popular China (RPC) ha ampliado su zona de influencia considerablemente con el fin de promover y proteger sus intereses alrededor del mundo. China se ha hecho presente en África a través de inversiones, operaciones para el mantenimiento de la paz, asistencia técnica y humanitaria, venta de armas y en el caso de Yibuti con una base militar. El objetivo de este trabajo es analizar el impacto que ha tenido la presencia militar de China en dicho país africano, además de la relevancia que tiene esta base, la primera de su propiedad en ultramar en el ordenamiento regional y global.

Yibuti se encuentra en el Cuerno de África, entre Eritrea, Etiopía y Somalia, por lo que tiene una posición relevante para las cadenas globales de suministro al tener sus costas en el mar Rojo y en el golfo de Adén, además, forma parte junto con Yemen del Estrecho de Bab el-Mandeb. Su localización lo hace un espacio estratégico, por lo que países como Francia, Estados Unidos, Italia, Japón y China han decidido estacionar fuerzas militares dentro del territorio y han colocado grandes inversiones en infraestructura portuaria en el país africano. 

Para poder entender la presencia de China en Yibuti debemos hablar de las políticas del Collar de Perlas y la Belt & Road Initiative (BRI) o Nueva Ruta de la Seda. La estrategia del Collar de Perlas está enfocada en aumentar la influencia económica, militar, diplomática y política de China en la región del océano Índico a través de la construcción de infraestructura portuaria en países aliados de la región (Ashraf, 2017), como son Myanmar, Bangladesh, Sri Lanka, Maldivas, Pakistán y ahora Yibuti, y así poder desafiar el despliegue global de Estados Unidos.  La política del Belt & Road Initiative (BRI) tiene como objetivo “desarrollar proyectos de infraestructura que facilitaran la interconexión de Eurasia, y parte de África, en torno a la dinámica del boyante capitalismo chino” (Herrera, 2019, p. 42).

A través del crecimiento de sus capacidades nacionales, el uso de su poder económico y financiero, China ha buscado expandir su influencia geopolítica en el sur de Asia y Medio Oriente (Wang, 2018). China, por ejemplo, es el segundo socio comercial de los países del Medio Oriente y ha sido el mayor socio comercial de África desde hace más de una década (Sun & Zoubir, 2021). África hospeda a más de 10,000 firmas del país asiático, un millón de inmigrantes chinos y aproximadamente 260,000 trabajadores provenientes de China (Nantulya, 2022). Por tanto, para proteger estos flujos de personas y de capital en la región, la base militar inaugurada por la República Popular China en agosto de 2017, resulta indispensable. 

Y es que hay que considerar que el comercio internacional de China depende ampliamente de la distribución marítima y de las importaciones de combustibles a través del mar, que representan el 70% del total de sus suministros energéticos. China obtiene la mitad de su petróleo importado de África y la otra mitad de Medio Oriente, por lo que necesita proteger las rutas marítimas que pasan por el estrecho de Ormuz y el estrecho de Bab el Madeb para reducir las amenazas a su seguridad nacional (Ashraf, 2017). Es por ello que en el Libro Blanco sobre Defensa Nacional de China de 2015 se introdujo la estrategia marítima de dos niveles de defensa de aguas costa afuera y protección del mar abierto, marcando la evidente ambición de China de construir una flota de alta mar. 

En los años recientes, China  ha comenzado a tomar una postura más proactiva en su política exterior para salvaguardar su desarrollo nacional,  avanzar en su estrategia nacional y en sus intereses económicos en el exterior (Yu, 2017). La base militar en Yibuti sirve como una base de apoyo logístico para colaborar con las operaciones navales de escolta, mantenimiento de la paz y misiones humanitarias en África.

Como podemos ver, la instalación de su base militar responde a la intención de China de proteger sus intereses en el exterior, pero al mismo tiempo le permite insertar a Yibuti en la BRI con inversiones en proyectos infraestructurales en el país africano. Para lograr instalar su base militar, capitales chinos han participado en importantes obras de infraestructura, lo que despierta menor oposición de la población y haciéndola distinguir de la presencia de otras potencias en el territorio. Además, ha recibido 957 millones de dólares del Banco de Exportaciones-Importaciones de China (BEIC) para financiar distintos proyectos como una línea de tren que une la capital del país con la capital de Etiopía (The Associated Press, 2018). Es así que la economía de Yibuti es una de las que más rápido está creciendo en el mundo, a pesar de estar rodeado de países en conflicto.

Por otro lado, la presencia China en Yibuti se vuelve parte de la disputa de hegemonía en la región con Estados Unidos. La participación de China en los proyectos infraestructurales de Yibuti representa una amenaza a los intereses de Estados Unidos en la región, pues el hecho de que compañías chinas sean dueñas y manejen los puertos le permite a China bloquear el acceso al gobierno de Estados Unidos al territorio y servicios en los puertos de Yibuti y así evitar que use los puertos para atracar buques militares (Devermont et al., 2019), considerando que la base militar china se encuentra a unos pocos kilómetros de la única base militar estadounidense en África, Camp Lemonnier, mientras que China controla dos de las cinco terminales del Puerto de Yibuti.

Podemos concluir que la base militar china en Yibuti responde claramente a los intereses comerciales y energéticos del país asíatico en la región. China ha logrado la instalación de su primera base en ultramar a través de la conjunción de aspectos económicos y militares para evitar la oposición de la población, y al mismo le permite disputar la presencia hegemónica de las demás potencias asentadas en el país africano considerando la importancia estratégica que representan el mar Rojo y el golfo de Adén.

No podemos olvidar tampoco que las grandes inversiones de capital en Yibuti responden igual a una política económica de largo alcance como es la Nueva Ruta de la Seda, que busca expandir los lazos comerciales de China a través del mundo. Por ello, no debe extrañar las enormes inversiones en infraestructura, principalmente en el puerto de Yibuti, permiten al país de Asia reforzar las cadenas de suministro dentro de África, idea que viene acompañada con el impulso al desarrollo de los países africanos aunque generando una amplia dependencia a los capitales chinos.

Fuentes consultadas:

Ashraf, J. (2017). String of Pearls and China’s Emerging Strategic Culture. Strategic Studies, 37(4), 166–181. JSTOR.

Devermont, J., Cheatham, A., & Chiang, C. (2019, junio 4). Assessing the Risks of Chinese Investments in Sub-Saharan African Ports. Center for Strategic & International Studies. https://www.csis.org/analysis/assessing-risks-chinese-investments-sub-saharan-african-ports

Herrera, D. (2019). Geopolítica de la fragmentación y poder infraestructural. El Proyecto One Belt, One Road y América Latina. Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, 10(1), 41–68.

Nantulya, P. (2022, mayo 12). Considerations for a Prospective New Chinese Naval Base in Africa. Africa Center for Strategic Studies. https://africacenter.org/spotlight/considerations-prospective-chinese-naval-base-africa/

Sun, D., & Zoubir, Y. H. (2021). Securing China’s ‘Latent Power’: The Dragon’s Anchorage in Djibouti. Journal of Contemporary China, 30(130), 677–692. https://doi.org/10.1080/10670564.2020.1852734

The Associated Press. (2018, abril 10). The New Military Powerhouse on the Red Sea: Tiny Djibouti. Haaretz. https://www.haaretz.com/middle-east-news/2018-04-10/ty-article/the-new-military-powerhouse-on-the-red-sea-tiny-djibouti/0000017f-dc4c-df62-a9ff-dcdf89830000

Wang, M. (2018, abril 13). China’s Strategy in Djibouti: Mixing Commercial and Military Interests. Council on Foreign Relations. https://www.cfr.org/blog/chinas-strategy-djibouti-mixing-commercial-and-military-interests

Yu, H. (2017). Motivation behind China’s ‘One Belt, One Road’ Initiatives and Establishment of the Asian Infrastructure Investment Bank. Journal of Contemporary China, 26(105), 353–368. https://doi.org/10.1080/10670564.2016.1245894