Ecocidio militar para el mantenimiento de la seguridad: la justificación de la huella ecológica de los aparatos militares

Maria Fernanda Chávez Aguilar

Centro Delàs de Estudios por la Paz

A lo largo de la historia moderna, la seguridad fue consolidada como un constructo central para la organización de la vida. Este concepto, construido por filósofos y políticos europeos y que etimológicamente hace referencia a un estado libre de preocupación, amenazas o problemas, ha acompañado la producción de la realidad hegemónica como la conocemos. Este acompañamiento se ha realizado a través de uno de los mecanismos paralelamente generado con la seguridad:  el aparato militar. Frente a una crisis socioambiental que amenaza la continuidad de la vida, la seguridad, aún centrada en una agenda político-militar, ve necesaria su reconfiguración para mantener el orden y control que generó a costa de la vida.

La configuración de la seguridad

Desde los enfoques de pensamiento hegemónicos, europeos y luego estadounidenses, se deja claro ya que en las primeras formaciones de grupos humanos, la seguridad se encontraba presente como necesidad básica. En el estado de naturaleza descrito por el Leviatán de Hobbes se mostraba una humanidad en guerra, de “todos contra todos”, un estado de constante riesgo o amenaza frente a un otro del que necesitaba protegerse (sentirse seguro).

La creación de Estados-nación fue clave para alcanzar tal seguridad, que se tradujo en marcos jurídicos para la protección del territorio y la salvaguarda de sus “recursos”[1], y que, además, generaban grandes capitales a las élites en el poder. Para mantener la seguridad construida, se requirió de instrumentos eficaces para el control, que en este caso fueron grandes fuerzas armadas. Desde esa visión, la seguridad era un estado a alcanzar a través de la creación de mayores aparatos militares.

Durante la primera mitad del siglo XX, la seguridad se vinculó directamente con los estudios de guerra, militarización, estrategia y geopolítica, que no hablan de seguridad como en la actualidad sino de defensa, guerra o conflicto. Ya entrado el siglo, después de la Segunda Guerra Mundial, se comenzó a hablar de seguridad como categoría y, de hecho, se convirtió en uno de los constructos clave para la forma en que el sistema internacional se edificó, especialmente en el ordenamiento de poder que se configuró en su interior.[2] Si bien, como Sandra Zavaleta establece, durante la Guerra Fría fueron variadas las concepciones sobre la seguridad, el entendimiento de esta siguió dominado por la agenda político-militar,[3] en un estado de paz únicamente entendido como aquel que se encontraba en ausencia de guerra, que siguió –y sigue– sin alcanzarse.

Para finales de la década de los noventas y con la globalización, el enfoque unidireccional de la seguridad enfocado en el uso de la fuerza militar y el aseguramiento del Estado dentro de sus fronteras, y fuera de ellas, trató de trascender para concebir la seguridad con una perspectiva multidimensional, históricamente subordinada o invisibilizada, que supuestamente involucraría la atención de necesidades “más humanas”. Es aquí que surge la “seguridad humana” que hace referencia a la protección de lo que determinados actores consideren como “libertades fundamentales” atentadas por distintas “amenazas”.[4]

Si bien desde el discurso la noción de seguridad humana aparecía como una importante solución para los problemas que aquejan a la humanidad, como la degradación ambiental, que no pueden ser resueltos con los medios tradicionales (fuerza militar), en la realidad esta mostró continuar sirviendo a los propósitos de una élite con intereses específicos –una humanidad específica– ocupando a mayor escala los medios de la seguridad tradicional como los aparatos militares. Estas fuerzas, con el enfoque antropocéntrico del pensamiento moderno hegemónico, siguieron concibiendo a las vidas humanas y no humanas (como la naturaleza) como objetos a controlar y dominar.

Entonces, el enfoque de la seguridad centrado en la esfera militar frente a la degradación se acrecienta en pleno siglo XXI, y continúa reconfigurándose para justificar su posición. Aunque existen pruebas evidentes del daño irreversible que han dejado en el planeta y las especies que en él habitan, incluyéndonos, estas son invisibilizadas. Por tal motivo, resulta necesario analizar el ecocidio que se articula desde la esfera militar para añadir argumentos para su urgente eliminación. 

La huella de la militarización

Al analizar la huella ecológica[5] que deja en el planeta el ejército estadounidense, el más grande del mundo, las pruebas son contundentes. Para Neta Crawford, con las actividades bélicas estadounidenses se generan gases de efecto invernadero (GEI) a gran escala desde siete esferas:

  1. Emisiones generadas por las instalaciones (como bases militares que hoy suman casi 800 en el mundo) y operaciones no bélicas,
  2. Emisiones causadas por la industria militar, por ejemplo, para la producción de armas y municiones,
  3. Aquellas relacionadas con la guerra en operaciones de contingencia en el extranjero,
  4. Las emisiones causadas por el ataque directo a infraestructura petrolera, es decir, la quema deliberada de pozos de petróleo y refinerías,
  5. Las fuentes de emisión de otros países beligerantes,
  6. La energía consumida por la reconstrucción de infraestructura dañada y destruida, y
  7. Las emisiones de otras fuentes como explosiones o incendios.[6]

Según datos de Crawford, en el periodo 2010-2018, un total de 593 millones de toneladas métricas de CO2 fueron liberadas a la atmósfera como consecuencia de las operaciones militares estadounidenses; un promedio de 66 millones de toneladas métricas anuales, que serían el equivalente al 15% del total de emisiones de GEI emitidas por el sector residencial en Estados Unidos.[7] Si se considera un rango más amplio, de 1975 a 2018, las emisiones totales sumarían 3,685 millones de toneladas métricas de CO2 equivalente.[8] Lo anterior sólo es lo generado por Estados Unidos, pero a nivel mundial, Maritza Islas rescata que los ejércitos generan entre 5 y 6% de las emisiones de carbono totales emitidas.[9]

Estos datos sobre emisiones son clave en el análisis debido a que estas últimas no están sujetas a regulación climática por provenir del ejército (el elefante rosa en medio de la sala del cual nadie habla)[10] y han sido justificadas por razones de seguridad ya enunciadas. No es fortuito que la institución que más consume combustibles fósiles, el principal causante del aumento alarmante de las emisiones de GEI, es el Departamento de Defensa de Estados Unidos.[11]

La emisión de GEI es hoy la principal causante del cambio climático y, por tanto, de la degradación ambiental que amenaza nuestra existencia en el planeta. La seguridad que se ha impuesto en el mundo, en su forma tradicional, humana y también ambiental[12] no ha servido para detener la crisis ambiental sino que, paradójicamente, la acrecientan. Hoy, de acuerdo con David Herrera, el Departamento de la Defensa de Estados Unidos ha incluido al cambio climático dentro de su agenda como un riesgo a la seguridad nacional estadounidense;[13] empero, su preocupación se encuentra en la forma en que afecta a sus instalaciones, en la adaptación que se debe generar para asegurar sus fuentes de aprovisionamiento.

Es difícil rastrear las emisiones generadas por el sector militar a lo largo de la historia, pues no hay transparencia en esos datos, sin embargo, con las cifras obtenidas en los últimos años es algo imaginable. No hace falta ser experta para dimensionar el efecto en el ambiente de cientos de bombas nucleares lanzadas desde su construcción  de la contaminación generada por infraestructuras militares o, incluso, la cantidad de materia y energía consumida por uno de los sectores con más presupuesto en el mundo.

En la actualidad, los aparatos militares controlados por una minoría en el mundo no sólo generan emisiones desde sus propias actividades sino también desde aquellas formaciones en las que se encuentran involucradas. De esta manera, se genera una ultramilitarización de la modernidad capitalista, es decir, del involucramiento del sector militar en los más amplios y diversos procesos sociales, como, por ejemplo, en la generación de megaproyectos y grandes infraestructuras para la continuación de la acumulación de capital. Así, los “asuntos de seguridad” se siguen sobreponiendo ¿a qué costo? Y las interrogantes continúan, ¿seguridad para quién?

Fuentes consultadas

Buxton, Nick, “The elephant in Paris – the military and greenhouse gas emissions”, en Transnational Institute, 2015.

Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Asociación Latinoamericana de Derecho Ambiental (ALDA), Política, derecho y administración de la bioseguridad en América Latina y el Caribe, México, CEPAL, PNUMA, ALDA, 1999.

Commission on Human Security: Human Security Now, Nueva York, Estados Unidos, 2003.

Crawford, Neta C., “Pentagon Fuel Use, Climate Change, and the Costs of War”, en Costs of War, Watson Institute International & Public Affairs – Brown University, p. 14, disponible en: https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/Pentagon%20Fuel%20Use%2C%20Climate%20Change%20and%20the%20Costs%20of%20War%20Revised%20November%202019%20Crawford.pdf, [consultado el 30 de noviembre de 2023].

Herrera Santana,  David, “Militarización y cambio climático. La geografía mundial de ocupación militar estadounidense y la huella ecológica del Pentágono”, en Revista de Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, disponible en: https://revistafyl.filos.unam.mx/militarizacion-y-cambio-climatico-la-geografia-mundial-de-ocupacion-militar-estadounidense-y-la-huella-ecologica-del-pentagono/ [consultado el 01 de diciembre de 2023].

Islas Vargas, Maritza,  “Militarización y cambio climático: una mancuerna peligrosa”, en Nexos, 23 de enero de 2023, disponible en: https://medioambiente.nexos.com.mx/militarizacion-y-cambio-climatico-una-mancuerna-peligrosa/#_ftnref3 [consultado el 24 de noviembre de 2023].

Lander, Edgardo, “Los límites del planeta y la crisis civilizatoria. Ámbitos y sujetos de las resistencias”, en Transnational Institute, p. 6, disponible en: https://www.tni.org/files/Los%20l%C3%ADmites%20del%20planeta%20y%20la%20crisis%20civilizatoria%20.pdf [consultado el 30 de noviembre de 2023].

Urteaga, Luis, SOBRE LA NOCIÓN DE “RECURSO NATURAL”, disponible en: https://www.ub.edu/geocrit/sv-90.htm [consultado el 12 julio de 2023].

Zavaleta Hernández, Sandra Kanety, “La seguridad y el desarrollo en la sociedad internacional del siglo XXI. Breve introducción” en Sandra Kanety Zavaleta Hernández (coord.), Seguridad y desarrollo. Riesgos Globales, Desigualdades y  Resistencias, México,  Universidad Nacional Autónoma de México, 2022.


[1]  La palabra “recurso” será entrecomillada o escrita en cursiva ya que, para mí, llamar a la naturaleza “recurso” es considerarla únicamente en función de su valor de cambio, es decir, con base en la funcionalidad para el ser humano, específicamente para el capital. Para más información sobre tal postura, consultar a Luis Urteaga, SOBRE LA NOCIÓN DE “RECURSO NATURAL”, disponible en: https://www.ub.edu/geocrit/sv-90.htm [consultado el 12 julio de 2023].

[2] Sandra Kanety Zavaleta Hernández, “La seguridad y el desarrollo en la sociedad internacional del siglo XXI. Breve introducción” en Sandra Kanety Zavaleta Hernández (coord.), Seguridad y desarrollo. Riesgos Globales, Desigualdades y  Resistencias, México,  Universidad Nacional Autónoma de México, 2022.

[3] idem.

[4] Commission on Human Security: Human Security Now, Nueva York, Estados Unidos, 2003.

[5] La huella ecológica es un indicador que mide “el conjunto de los impactos que ejerce la actividad humana sobre su entorno” y es definida como “[…] el área total de la superficie requerida para la producción de los bienes consumidos, así como para procesar los desechos de un individuo, comunidad, región… humanidad”. Edgardo Lander, “Los límites del planeta y la crisis civilizatoria. Ámbitos y sujetos de las resistencias”, en Transnational Institute, p. 6, disponible en: https://www.tni.org/files/Los%20l%C3%ADmites%20del%20planeta%20y%20la%20crisis%20civilizatoria%20.pdf [consultado el 30 de noviembre de 2023].

[6] Neta C. Crawford, “Pentagon Fuel Use, Climate Change, and the Costs of War”, en Costs of War, Watson Institute International & Public Affairs – Brown University, p. 14, disponible en: https://watson.brown.edu/costsofwar/files/cow/imce/papers/Pentagon%20Fuel%20Use%2C%20Climate%20Change%20and%20the%20Costs%20of%20War%20Revised%20November%202019%20Crawford.pdf, [consultado el 30 de noviembre de 2023], tomado de Maritza Islas Vargas, “Militarización y cambio climático: una mancuerna peligrosa”, en Nexos, 23 de enero de 2023, disponible en: https://medioambiente.nexos.com.mx/militarizacion-y-cambio-climatico-una-mancuerna-peligrosa/#_ftnref3 [consultado el 24 de noviembre de 2023].

[7] idem.

[8] idem.

[9] Maritza Islas Vargas, op. cit.

[10] Nick Buxton, “The elephant in Paris – the military and greenhouse gas emissions”, en Transnational Institute, 2015.

[11] Maritza Islas Vargas, op. cit.

[12] La seguridad ambiental es parte de las siete esferas que conforman a la seguridad humana y hace referencia a la situación en la que una persona o una colectividad humana se encuentra lo más exenta posible de daños ambientales que puedan amenazar su existencia o deteriorar la calidad de su vida, así como hacerla víctima de esos daños. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), Asociación Latinoamericana de Derecho Ambiental (ALDA), Política, derecho y administración de la bioseguridad en América Latina y el Caribe, México, CEPAL, PNUMA, ALDA, 1999.

[13] David Herrera Santana, “Militarización y cambio climático. La geografía mundial de ocupación militar estadounidense y la huella ecológica del Pentágono”, en Revista de Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, disponible en: https://revistafyl.filos.unam.mx/militarizacion-y-cambio-climatico-la-geografia-mundial-de-ocupacion-militar-estadounidense-y-la-huella-ecologica-del-pentagono/ [consultado el 01 de diciembre de 2023].

Ambientalismos silenciados en la realidad latinoamericana

Maria Fernanda Chávez Aguilar

Conselho Indigenista Missionário (CIMI)

La crisis climática ha puesto de manifiesto numerosas luchas a favor de la protección y preservación de la vida. Mujeres y hombres alrededor del mundo han estado trabajando para cuidar el territorio que habitan desde generaciones pasadas; jóvenes conscientes de la importancia que tiene la naturaleza se organizan  por el cuidado de esta; niñas y niños alzan sus voces para mantener la existencia de los seres vivos en el planeta; en general, detener la degradación ambiental es el tema que se puso sobre la mesa gracias a todxs ellxs. Miles de ejemplos han sido reconocidos pero otros, en su gran mayoría, han sido silenciados mediante amenazas, desapariciones forzadas y hasta asesinatos. Esa es la realidad para las y los activistas en América Latina que defienden el medio ambiente, su labor les cuesta la vida.

Dentro de la región, durante el 2018 más de tres activistas por semana fueron asesinadxs en promedio; para 2019, un total de 212 defensores y defensoras de la tierra y del medio ambiente; y el año pasado[1], a 227 personas se les arrebató la vida en esta labor[2]. De acuerdo con un informe de Global Witness publicado en 2019[3], América Latina concentra 7 de los primeros 10 países con más homicidios a ambientalistas. Dados los contextos de impunidad y violencia que silencian a lxs ambientalistas, sólo en 2020, el 72% del total de asesinatos a activistas tuvieron lugar en la región, encontrando a Colombia, México[4], Brasil y Honduras en los primeros lugares.

Son múltiples los ejecutores y perpetradores: gobiernos, milicias, terratenientes, cuerpos policiacos, paramilitares empresariales y organizaciones delictivas, todos con fuertes intereses por los recursos del territorio latinoamericano que les permiten obtener grandes ganancias de las industrias mineras, del saqueo de agua, de la explotación forestal y la agroindustria, que junto con megaproyectos turísticos y de infraestructura, transforman estos lugares en espacios de conflictividad. Cada actor tiene su parte en la perpetuación de estas injusticias.

El papel del Estado en estos conflictos es evidente, no sólo como el artífice de los atentados a través de sus fuerzas de seguridad, sino también  como consentidor del cumplimeinto de los intereses de actores privados  como estos sicarios, bandas criminales,  terratenientes y las propias empresas nacionales y transnacionales que controlan gran parte de los territorios a falta de políticas e instrumentos jurídicos que realmente protejan a lxs habitantes y al ambiente.

En favor de ideales de crecimiento y desarrollo económico, de modernización y expansión de áreas de influencia, se han justificado miles de proyectos en toda esta parte del continente, se ha normalizado la explotación y acumulación ilimitada de capitales que amenaza el entorno de muchas comunidades en específico, y, en general, del ambiente de todas y todos. Quienes se oponen, son desaparecidxs por la fuerza.[5]

La violencia estructural se manifiesta de múltiples maneras: discriminación, intimidación, extorsión, amenazas de muerte, encarcelamiento, tortura… en el peor de los casos, culminan en el asesinato.[6] No sólo de lxs activistas, sino también de sus familiares y allegados, de sus comunidades.

Como bien apunta la Organización de las Naciones Unidas[7], hoy los atentados que caracterizaban a las dictaduras de  América Latina en contra de aquellos que manifiestaban su inconformidad y buscaban detener las violaciones a sus derechos, se han perfeccionado y hasta generalizado a tal grado que, en este caso, ante la mayor demanda de recursos naturales a nivel global,  proteger a aquello que nos mantiene vivos, es motivo para perder la voz.

Ante la problemática ambiental que nos aqueja, las manifestaciones en defensa del medio ambiente se han hecho más frecuentes en niñxs, jóvenes y personas adultas, todos ellxs se enfrentan a amenazas a su vida desde hace décadas. Actualmente, los atentados son más sofisticados[8], normalizados entre las sociedades por su frecuencia … pero siguen siendo eso, atentados.

Esta lucha la llevan librando aquellxs que sienten directamente la expansión de industrias como los agronegocios y la minería; lxs que viven cerca de presas e hidroeléctricas; quienes “le estorban” a esa nueva carretera; ahí están lxs que son afectadxs por pesticidas, sustancias tóxicas resultado del fracking, etcétera.[9] No sólo están sintiendo los efectos del cambio climático provocado por los dueños de los grandes capitales y de estas industrias desarrolladas, no sólo han sido desplazados de sus tierras, no sólo han sido obligados a trabajar para la industrias que controlan los recursos, también han sido despojados de su derecho a un entorno sano, a manifestar sus inconformidades, a expresarse libremente; a ellxs les fue arrebatado su derecho a la vida.

Ante un contexto permeado por tanta violencia, es necesario nombrar a quienes fueron silenciadxs, a Isidro  Baldenegro, Dorothy Stang, Berta Cáceres[10], Samir Flores, Homero Gómez, José Luis Álvarez, Guadalupe Campanur, Jaime Jiménez, Julián Carrillo, Luis Fernando Ayala, Fidel Heras, Ronal David Barillas, Medardo Alonzo, Dionisio Ribeiro, Fernando Vela, Gonzalo Cardona, y muchxs más que pagaron con su vida su labor. Nos hacen falta. No lxs olvidamos.

“Si descendiese un enviado de los cielos y me garantizase que mi muerte facilitaría nuestra lucha, hasta valdría la pena. Pero la experiencia me enseña lo contrario. Las manifestaciones o los entierros no salvarán la Amazonia. Quiero vivir”.

~Francisco Alves Mendes Filho, sindicalista, ecologista y activista ambiental brasileño que pasó su vida luchando por la defensa de la Amazonia y por los pueblos originarios que en ella habitan. En 1989, fue asesinado en su propia casa por Darly Alves Da Silva y Darly Alves Pereira, latifundistas pertenecientes a la Unión Democrática Ruralista, organización a favor de la explotación privada de la tierra.


[1] Global Witness, ¿ENEMIGOS DEL ESTADO? De cómo los gobiernos y las empresas   silencian a las personas defensoras de   la tierra y del medio ambiente, Global Witness, 2019, 53 pp.

[2] Jessica, Xantomila,  “Asesinaron a 227 ambientalistas en 2020”, La Jornada, 17 de septiembre de 2021, Disponible en: https://www.jornada.com.mx/notas/2021/09/17/politica/asesinaron-a-227-ambientalistas-en-2020/

[3] Global Witness, op.cit.

[4] Homero, Aridjis, “En México te matan por defender la naturaleza”, The New York Times, 31 de enero de 2020, Disponible en: https://www.nytimes.com/es/2020/01/31/espanol/opinion/homero-gomez-mexico.html

[5] De acuerdo con la Declaración sobre la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas, proclamada por la Asamblea General de Naciones Unidas en su resolución 47/133, de 18 de diciembre de 1992 se habla de desaparición forzada cuando se refiere a “el arresto, la  detención, el secuestro o cualquier otra forma de privación de libertad que sean obra de agentes del Estado o por personas o grupos de personas que actúan con la autorización, el apoyo o la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad o del ocultamiento de la suerte o el paradero de la persona desaparecida, sustrayéndola a la protección de la ley”. Para más información, Naciones Unidas,  Día internacional de las Víctimas de desapariciones forzadas, Disponible en: https://www.un.org/es/observances/victims-enforced-disappearance

[6] Amnistía Internacional, “A las y los líderes sociales de Colombia nos siguen matando durante la cuarentena, Amnistía Internacional Noticias, 22 de junio de 2020, Disponible en: https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/06/lideres-sociales-nos-siguen-matando-durante-cuarentena/

[7] Naciones Unidas, op.cit.

[8] Maritza Islas Vargas, “Desapariciones forzadas, violencia y ambientalismo silenciado”, Léxico de la crisis ambeintal y el desarrollo sostenible, 31 de agosto de 2021, Disponible en: https://crisisambientalydesarrollosostenible.wordpress.com/2021/08/31/desapariciones-forzadas-violencia-y-ambientalismo-silenciado

[9] José Carlos, G. Aguiar,  “El bosque de los dólares: el asesinato de Isidro Baldenegro”, Aristegui Noticias, 25 de enero 2017, Disponible en: https://aristeguinoticias.com/2501/mexico/el-bosque-de-los-dolares-el-asesinato-de-isidro-baldenegro

[10] Front Line Defenders, Historia del Caso: Berta Cáceres, Disponible en: https://www.frontlinedefenders.org/es/case/case-history-berta-c%C3%A1ceres