Estragos de la guerra intergeneracional: Revolución de Tishreen en Iraq y la militarización de la protesta social

Mónica Felicia Espinoza García

Mustafa Nader/ The Polítical Room, 2022.

Iraq ha estado envuelto en un panorama acaparado por inestabilidad política, social y económica. Inciden en dicho contexto las intervenciones militares incitadas por múltiples intereses que acechan a la región, causantes de estragos importantes en las estructuras sociopolíticas actuales. En conjunto, estas intervenciones han confinado a la población iraquí a múltiples crisis que deterioran cada día más sus condiciones de vida.

En el curso del presente análisis se intenta retomar lo que Naomi Klein (2014) describió como el capitalismo del desastre, donde el sistema capitalista instrumentaliza la ruina y el caos derivado de situaciones políticas catastróficas -como es el caso de la guerra continua- para la eficiente consecución de intereses económicos y políticos. En seguimiento de las adaptaciones estructurales del poder, se pretende resaltar el poder de réplica de quienes lo objetan, entre ellas la fuerza de las revoluciones iraquíes decididas a negar la prolongación del sistema político, así como las múltiples descargas de violencia a la que se enfrentan por dicha tarea.

Para entender el conflicto: la carencia como constante intergeneracional

Para comprender la indignación expresada por los manifestantes en la revolución de octubre de 2019 (Revolución Tishreen) se consideran una serie de antecedentes históricos. Sobresalen en este sentido tres secuencias bélicas constituidas por el conflicto Iraq-Irán desde 1980, la invasión militar estadounidense emprendida en 2003 y la implantación de las fuerzas del Estado Islámico (ISIS).

El elemento que predomina en tales momentos de relevo generacional es el conflicto bélico, y por consiguiente, la precariedad política, social y humanitaria que lo asiste. Al respecto, la ocupación militar estadounidense destaca en la prolongación de la situación descrita tras desempeñar un papel clave en la arquitectura del sistema político y social que hoy impera en Iraq.

Mediante la imposición del sistema Muhasasa [1] por las fuerzas ocupantes, se materializaron, en el marco de la legalidad, las bases para la estandarización de una conducta política sectaria donde élites de poder compiten por la búsqueda de beneficios políticos-económicos particulares en desatención de las necesidades vitales de la sociedad. Su logro se confinó a habilitar el encuentro y entendimiento entre corporaciones empresariales y gobiernos de distintas geografías con un estrecho grupo de partidos internos, preparando el terreno pos-catastrófico de la guerra para que los intereses capitalistas se desenvolvieran sin problema alguno. [2]

Una muestra de ello se expresa en los primeros años de su funcionamiento, cuando diversas empresas estadounidenses como Halliburton, Flour, Perini y Washington Grupup International adquirieron, en sintonía con los renovados grupos políticos iraquíes, el monopolio de grandes concesiones y licitaciones para la reconstrucción infraestructural y mercantilización de su abundancia petrolera (Townsed, 2004), demostrando la rentabilidad que representa para el capital operar en circunstancias de caos y devastación  (Klein, 2014). El sistema posteriormente fue adquiriendo porosidad y posibilitó la filtración de intereses de otras latitudes en la contienda por el dominio político, donde ahora las facciones partidarias se encuentran  atraídas a incentivos que orquesta el régimen iraní. Se está frente al capitalismo del desastre.

En complemento a lo descrito, la ocupación estadounidense permitió la confluencia de múltiples actores que potencializaron el paisaje de violencia en la sociedad iraquí. La libertad otorgada a sus efectivos -públicos y privados- para aplicar crueles y novedosos métodos de tortura sobre los integrantes del partido Baaz y la sociedad civil, fundó los inicios de la base social que el Estado Islámico instrumentó para asentar el terror generalizado en el territorio. Asimismo, las incidencias se ensamblaron a los objetivos políticos iraníes, confrontados a partir de la Revolución Islámica de 1979 a los intereses estadounidenses por liderar una zona de influencia sobre la región, y que llevarían a cabo con estrategias de financiamiento a grupos militares en distintos países. 

Las voces de la Revolución de Tishreen y las respuestas del poder político

A la par que empresas y grupos políticos se enriquecen, la sociedad civil se consume por los efectos de la guerra continua, la corrupción sistémica [3] y la degradación de sus condiciones socioeconómicas. Para 2019, los iraquíes se enfrentaban a tasas de desempleo del 16.5%, (OIT, 2022), la ausencia de libertades y un régimen político desinteresado en proveerles de los servicios de primera necesidad como el acceso a electricidad, agua potable, salud, empleo, etc.

Este escenario alimentó el movimiento de contestación popular [4] para plantear formas libres y colectivas de protesta,  donde la presencia en las plazas resignificó el espacio público para hacer políticas alternativas y unir demandas colectivas. Las voces en las calles expresaron un mensaje claro: negar la continuidad del sistema político corrupto, sectario y coludido por intereses extraterritoriales.

De manera particular, los manifestantes expresaron un especial disgusto a los atisbos iraníes en la política iraquí. El motivo se enlaza a la agilidad con la que Irán ha logrado extender su zona de influencia en la región mediante el control del sector político y de seguridad de Iraq, financiando a múltiples grupos militantes iraquíes de mayoría chiíta que forman las Fuerzas de Movilización Popular (FMP). 

En suma, el vínculo estrecho entre las élites políticas sectarias y las fuerzas militares plasma la relación existente entre crimen y poder, que en el marco de la Revolución Tishreen se asociaron a través de la militarización de la protesta social para mantener la desigualdad en la que opera el sistema. Desde octubre de 2019 hasta enero de 2020, se informó que más de 600 manifestantes habían sido asesinados por las fuerzas de seguridad iraquí (Amnistía Internacional, 2020).

En este sentido, el problema dista de confinarse a los rostros públicos que ordenan y ejecutan dicha militarización. Retomando las ideas de Moises Garduño, es preciso cuestionar “cuáles son los actores que proveen y hacen posible los recursos para que se materialice dicha militarización” (Garduño, 2016, p. 33). En las revueltas de Tishreen, los gases lacrimógenos de uso militar utilizados por las fuerzas de seguridad tenían registro de procedencia iraní y serbio (Amnistía Internacional, 2020), reafirmando el papel de Irán como proveedor de suministros bélicos para poner fin a las protestas que exigieron una reforma electoral y amenazaron la estructura del lobby político que ha inseminado en el país. Esto, sin desatender las presencias del transnacional consorcio industrial militar.

Reflexiones próximas.

Los esfuerzos de la protesta, han conseguido la dimisión del Primer Ministro iraquí Adel Abdelmahdi, una breve reforma electoral para acabar con el sistema Muhasasa [5] y, en resumen, poner en crisis la dinámica de las esferas de poder. Sin embargo, las demandas del pueblo que ocupó las calles, desde Basora y Bagdad hasta la Región del Kurdistán Iraquí, exigen cambios que superen las dimisiones administrativas y apunten a una renovación profunda del sistema.

Se debe tener sumo cuidado para que este momento de caos, si bien producto del esfuerzo de la sociedad organizada, no vuelva a ser aprovechado por las fuerzas del sistema político-económico para reformular y fortalecer sus condiciones de subsistencia. De ser así, se estaría evidenciando un diseño estratégico “del secuestro de la revolución por el régimen del poder” (Garduño, 2016, p. 148).

En añadidura a las preocupaciones anteriores, cabe hacer mención que el presente año el gobierno iraquí expuso ante el Parlamento dos proyectos de ley que amenazan la libertad de expresión y el derecho a la reunión pacífica, acentuando las medidas de vigilancia de las fuerzas de seguridad sobre los críticos al régimen. [6] Así, el sistema político iraquí y la abundancia de actores que lo conforman, diseñan una redada en momentos de crisis que, como expone Garduño (2023), ensambla diferentes mecanismos de violencia y coerción hacia las voces que lo desafía, donde ahora no sólo se busca recurrir a la militarización de la protesta como mecanismo de control, sino que se amplían los dispositivos coercitivos mediante la  criminalización y la vigilancia digital de la disidencia.

[1]Que opera bajo cuotas que deben ser atendidas para, en teoría, asegurar un reparto del poder en la estructura gubernamental a razón de cuestiones identitarias, destacando la participación de suníes, chiítas y kurdos.
[2] Más que el referente a la competencia intercapital.
[3] La medición de tal percepción ubica a Iraq entre los países con mayor percepción de corrupción del sector público, ocupando el lugar 157 de 180 países analizados.
[4] Hilado a las voces de los igualmente indignados de las revoluciones árabes iniciadas en 2011.
[5] En marzo de 2023 la reforma que pretendía una participación más libre y transparente fue absorbida por una contrarreforma que volvió a afianzar la permanencia de élites sectarias en la vida política de Iraq.
[6] Los proyectos de Ley de Libertad de Expresión y Reunión Pacífica; y la Ley de Ciberdelitos.

Referencias: 

Amnistía Internacional. (2020, 23 de enero). Iraq: Protest death tolls surges as security forces resume brutal repression. URL: https://www.amnesty.org/en/latest/news/2020/01/iraq-protest-death-toll-surges-as-security-forces-resume-brutal-repression/

Amnistía Internacional. (2021, 15 de junio). Kurdistan Region of Iraq: Arbitrary Arrest and enforced disappearance of activists and journalists. URL: https://www.amnesty.org/en/latest/news/2021/06/kurdistan-region-of-iraq-arbitrary-arrests-and-enforced-disappearance-of-activists-and-journalists-2/

 Amnistía Internacional. (2023, 18 de julio). Irak: dos proyectos de ley amenazan el derecho a la libertad de expresión y de reunión pacífica. URL: https://www.amnesty.org/es/latest/news/2023/07/iraq-draft-laws-threaten-rights-to-freedom-of-expression-and-peaceful-assembly/

Egel, D., Trevor J., y Connable, B. (2023). The Future of the Iraqi Popular Mobilization Forces: Lessons from Historical Disarmament, Demobilization, and Reintegration Efforts. RAND Corporation. URL: https://www.rand.org/pubs/research_reports/RRA722-1.html.

Townsed, R. (2004, 21 de marzo). Grandes empresas de EEUU acaparan  el negocio de la reconstrucción de Irak., en  El País. URL: https://elpais.com/diario/2004/03/22/internacional/1079910012_850215.html

Garduño, M. (2016). Dinámicas de poder y prácticas de resistencia en las revoluciones árabes. CIESAS.

Garduño, M. (2023). El autoritarismo digital iraní en el caso de Mahsa Gina Aminí: una perspectiva desde el capitalismo de vigilancia. Anaquel de Estudios Árabes, 34(2), 369-392. URL: https://doi.org/10.5209/anqe.85754

Klein, N. (2014). La doctrina del shok. El auge del capitalismo del desastre., Paidos. 

Majed, R. (2021, 10 de junio). Libano e Irak en 2019: Levantamientos revolucionarios contra el “neoliberalismo sectario. Rosa Luxemburgo Stiftung. URL: https://longreads.tni.org/es/libano-e-irak-en-2019

Organización Internacional del Trabajo. (2022, 5 de julio). Irak y la OIT lanzan la primera encuesta nacional de población activa en una década. URL:  https://www.ilo.org/global/about-the-ilo/newsroom/news/WCMS_850401/lang–es/index.htm

Risen, J., Arango, T., Fasshihi, F., Hussain, M. y Bergman, R. (2019, 19 de noviembre). A Spy Complex Revealed: Leaked Iranian Intelligence Reports Expose Tehran’s Vast Web of Influence in Iraq. The Intercept. URL: https://theintercept.com/2019/11/18/iran-iraq-spy-cables/