La guerra contra el Darién panameño: resistencia ante la conquista, el extractivismo y la necropolítica migratoria.

Mariana Yáñez García

Smithsonian Tropical Research Institute

“La guerra hoy es contra lo que no se somete, contra los pueblos, contra la autodeterminación […]. Es contra todo lo no institucionalizado, contra la posibilidad de otros mundos, […] de poder organizar la vida al margen o a contracorriente del capitalismo.” Ana Esther Ceceña, 2004.

Abarcando la frontera Panamá-Colombia se encuentra el Darién, una región altamente inaccesible de selva tropical, montañas y ríos que no cuenta con carreteras que la atraviesen. Conocida como “El Tapón de Darién”, la selva conecta naturalmente al continente americano a la vez que lo separa (Castro, 2006). Ha tomado relevancia recientemente debido al aumento en flujos migratorios multicontinentales que toman la arriesgada decisión de atravesarla a pie.

A través del tiempo, se ha construido el mito de un Darién salvaje y peligroso rodeado de muerte, violencia e ilegalidad. Su reputación es fundamentada por experiencias de migrantes, pero también alimentada por un Estado panameño que encuentra en la narrativa una justificación para sus omisiones ante las dinámicas extractivistas que amenazan a la selva y a quienes la habitan (Bilbao, 2019). 

Darién ha sido históricamente un espacio de resistencia ante una guerra que pasa desapercibida, por lo que es preciso señalar elementos que son parte del ataque a la región y algunas expresiones que nacen en su defensa.  Dicha resistencia se remonta a las primeras invasiones españolas durante las que la selva se mantuvo impenetrable para los colonizadores que a cambio de sus esfuerzos recibieron muerte y enfermedades (Castro, 2006). La inaccesibilidad del Darién y su resistencia natural a ser organizada en función de la dominación fue determinante para los límites de la conquista. Así, la percepción del Darién como un espacio no conquistado ha hecho que en las últimas décadas ante la búsqueda de una dominación completa del espacio global su control sea objeto de deseo del capital. 

Además, contrario a la desolación que pinta su mito, ha sido históricamente habitado por pueblos originarios como los Gunadule, Wounaan y Emberas. Ante las persecuciones coloniales el aislamiento de Darién les permitió un refugio donde resistir colectivamente y garantizar protección a sus culturas y saberes, enfrentando las invasiones con guerrillas (Castro, 2006).

Hoy los pueblos originarios y campesinos del Darién resisten ante un modelo de desarrollo extractivista depredador que deforesta para el tráfico ilegal de maderas, monocultivos de palma aceitera, la venta ilegal de tierras y la quema para su uso ganadero (COVEC, 2018). El despojo de sus territorios obliga a abandonarlos y pone en riesgo su legado cultural estrechamente ligado al territorio que habitan, como los cultivos tradicionales, bailes y botánica (Bilbao, 2019). 

Las denuncias de la crisis de deforestación han caído en los oídos sordos de un gobierno que sostiene que es un mejor uso de la tierra que la preservación selvática, es decir, el mantenimiento y reproducción de la vida, negando mientra la posesión legal de las tierras a los campesinos en el territorio (Bilbao, 2019). 

La defensa del Darién panameño contra la degradación capitalista ha quedado en manos de sus pueblos quienes han desarrollado estrategias como el uso de drones para mapeo del territorio y recolección de pruebas, conteo de aves y reforestación para atender los daños, además de demandas y publicaciones periodísticas (Bilbao, 2019). 

La crisis migratoria es otra amenaza a la que se enfrenta la región. Desde la implementación de políticas de regulación de flujos migratorios en 2016, la ruta clandestina del Darién se ha popularizado, con cifras sorprendentemente altas este año (Cabrera, A. y Carrera, J., 2022). Quienes cruzan no solo se enfrentan a los peligros de la selva, sino también al narcotráfico y a la trata de migrantes (Cabrera, A. y Carrera, J., 2022).

Recientemente, Panamá mencionó que Darién no debe ser considerado una ruta migratoria debido a los riesgos (EFE Comunica, 2023), argumento con el que pretende justificar su desentendimiento de las condiciones de muerte a las que se expone a los migrantes e ignorando que esta crisis migratoria no es más que el resultado de políticas deshumanizantes que no garantizan rutas seguras fuera del Darién para la migración.

Dada la tendencia a la externalización de sus fronteras, Estados Unidos ha tenido gran influencia en la situación, aumentando fuertemente la inversión para la reducción del flujo migratorio y poder contrarrestar al narcotráfico (Garces, 2022). Si bien se dice oficialmente que solo se ofrece asesoramiento y capacitación al Servicio Nacional de Fronteras, recientes rumores en la prensa internacional alertan de interés por enviar tropas al Darién (Kube, C., 2023). Sin embargo, aún solo siendo capacitaciones, la propia política migratoria de Estados Unidos deja clara su disposición a violar de manera profunda y reiterada derechos humanos en nombre de la seguridad nacional, empeorando las condiciones de la frontera.

A pesar de la exposición a la muerte y la influencia estadounidense, los flujos migratorios no se han reducido, sino que han aumentado (Garces, 2022), lo que demuestra que la disuasión no es suficiente para resolver la situación migratoria, sino que, sin condiciones de bienestar, ya sea en sus países de origen o en una ruta, la migración a través del Darién permanecerá.

Debe notarse que las resistencias mencionadas existen en interacción: la selva densa sigue siendo barrera natural a la ocupación militar y las comarcas indígenas suelen ofrecer recursos básicos a los migrantes que llegan, así como también son amenazadas por el crimen organizado.

El ataque al Darién se pronuncia desde la reputación que busca apelar a la necesidad de control y militarización de la frontera mientras que niega la existencia de los pueblos que la habitan y defienden. Todo esfuerzo que ha habido por conquistar y ordenar en nombre del modelo de desarrollo depredador es incompatible con las formas relacionales que priorizan la vida en la región. A su vez, el abandono del Darién por parte del gobierno ha permitido la intromisión de intereses hegemónicos globales sobre la defensa de su propia población y la población migrante.

Me parece entonces que el Darién representa aquello insometible que menciona Ceceña en la cita inicial. Insometible es la red de vida que forma la selva, la resistencia de sus pueblos y los migrantes que la atraviesa, todas desafiando ordenamientos impuestos desde la dominación y degradación de la vida para priorizar la dignidad. En todos los sentidos, la guerra es contra el Darién y el Darién la resiste.

Referencias:

Bilbao, G., (2019). La estrategia de los indígenas panameños para proteger los bosques del Tapón del Darién. https://es.mongabay.com/2019/06/indigenas-panama-darien-video/ 

Cabrera, A. y Carrera, J., (2022). Darién, territorio estratégico en disputa. https://saberesyciencias.com.mx/2022/08/05/darien-territorio-estrategico-disputa/ 

Castro Herrera, G., (2006). El Istmo en el mundo. Elementos para una historia ambiental de Panamá. Revista Signos Históricos, 16, julio diciembre, 152-183. https://www.scielo.org.mx/pdf/sh/v8n16/1665-4420-sh-8-16-152.pdf 

Ceceña, A., (2004). Militarización y resistencia. OSAL, Observatorio Social de América Latina, año V, no. 15, sep-dic 2004, 33-44. http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/osal/20110308111913/4cecena15.pdf 

Colectivo Voces Ecológicas, COVEC. (2018). Darién. La resistencia ante el extractivismo y palma aceitera. https://www.radiotemblor.org/darien-la-resistencia-ante-el-extractivismo-y-palma-aceitera/ 

Cortés, G., (2023). El Darién, donde el pavor y la fe chocan en la encrucijada por un futuro mejor. https://news.un.org/es/story/2023/05/1521417 

Garces, D., (2022). La crisis migratoria en el Darién no tiene fin. https://razonpublica.com/la-crisis-migratoria-darien-no-fin/ 

EFE Comunica, (2023). Panamá refuerza la seguridad en el Darién para combatir a criminales que asaltan a los migrantes. https://efe.com/mundo/2023-06-02/panama-refuerza-la-seguridad-en-el-darien-para-combatir-a-criminales-que-asaltan-a-los-migrantes/

Kube, C., Lee, C. y Ainsley, J. (2023). Senior Biden officials are pushing to send U.S. troops to South American jungle to help curb human smuggling. https://www.nbcnews.com/politics/immigration/senior-biden-officials-are-pushing-send-us-troops-south-american-jungl-rcna85574 

La Guerra Fría de la Inteligencia Artificial: una guerra transformada por el desarrollo tecnológico en los conflictos contemporáneos

El debate, marzo 2023, URL: https://www.eldebate.com/internacional/20230306/asi-bumeran-veloz-e-indetectable-dron-kamikaze-ruso_97711.html

Shanty Pamela Santana Hernández

“El éxito en la creación de IA sería el evento más grande en la historia de la humanidad. Desafortunadamente, también podría ser el último, a menos que aprendamos a evitar los riesgos”.

 –Stephen Hawking.

Los conflictos armados han sido el motor para el desarrollo de la industria armamentista y la mejora de los medios para la guerra.[1] Con el paso del tiempo, el campo de batalla ha evolucionado más allá de las trincheras, modificando las zonas únicas de conflicto. Ahora, en el siglo XXI, la guerra se está librando en un nuevo frente: el mundo digital y el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA). Ambos ámbitos están hoy desempeñando un papel fundamental como parte de esta nueva transformación de la guerra.

La IA toma diferentes conceptualizaciones, por lo que no hay una definición general. Sin embargo, partiendo de la definición de la Comisión Europea, esta hace referencia a los sistemas que manifiestan un componente inteligente, capaces de analizar su entorno y las acciones, al grado de alcanzar cierta autonomía con el fin de lograr objetivos específicos.[2] En los últimos años, la IA se ha utilizado para conflictos armados, su implementación en las dinámicas militares ha sido un punto de inflexión importante que modifica la forma en que la guerra se desarrolla.

La Revolución de la Inteligencia Artificial en los conflictos contemporáneos

Desde la Primera Guerra Mundial, la guerra ha incentivado el desarrollo de innovaciones tecnológicas, de la industria armamentista, sobre todo, quien ha creado tecnologías que funcionan de forma estratégica para la defensa del territorio. A partir de la conflagración, cada conflicto estuvo marcado por avances importantes en ámbitos como el de la aviación, la energía nuclear, la mejora de vehículos terrestres y navales, entre otros.

El advenimiento del siglo XXI representó una nueva concepción en la forma de hacer la guerra. En la actualidad, nos enfrentamos a una dinámica distinta en la que los conflictos se transforman por el uso de nuevos artefactos como lo es la Inteligencia Artificial (IA), que ha tenido un importante desarrollo en los últimos años y cuya aplicación se ha vuelto cada vez más frecuente para librar contiendas.

Pero este tipo de tecnología ha sido la base para la generación de nuevos instrumentos que acrecientan las asimetrías entre los actores del escenario internacional. Los conflictos se desarrollan de manera más desigual, inclinando la balanza hacia los agentes que ejercen mayor poder de combate y con mayor aplicación tecnológica en la guerra (por ejemplo lo que se vislumbraba en la disputa por la superioridad militar en el periodo de Guerra Fría entre los bloques capitalista y socialista, que buscaban una ventaja tecnológica).[3]

La Inteligencia Artificial (IA) se ha aplicado de diferentes maneras, desde sistemas de armas autónomas hasta el análisis de datos en tiempo real, y ha generado una serie de impactos profundos en la forma en que se llevan a cabo las operaciones militares, transformando las tácticas y estrategias en los conflictos actuales. Ante este nuevo panorama, nos encontramos en una pugna internacional por alcanzar la supremacía del desarrollo tecnológico y la IA en cuanto a programas armamentistas en esta nueva carrera.

Es por ello que autores como Pedro Sánchez Herráez llaman a esta dinámica la Nueva Guerra Fría,[4] en referencia al posicionamiento que Estados Unidos, China y Rusia están tomando al invertir grandes cantidades de dinero en el desarrollo científico y tecnológico, a fin de liderar esta nueva carrera tecnológica. A su vez, se abre paso al surgimiento de nuevas áreas de oportunidad, en las cuales incide ya no sólo el temor del uso de armas nucleares sino enfrentamientos en el medio digital con los ciberataques, el empleo de herramientas cada vez más sofisticadas como los vehículos no tripulados o drones, la visión aumentada y la automatización para la toma de decisiones mediante robots, por mencionar algunos.

¿Cómo se utiliza la Inteligencia Artificial en el ámbito militar?

De acuerdo con el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), actualmente la IA se encuentra en todas las actividades militares. Se tiene calculado que para el 2028, el volumen en el mercado asociado con la IA en el ámbito militar supere los 13 700 millones de dólares.[5] El ejemplo más conocido es el de los sistemas autónomos de combate o drones, los cuales han estado presentes en la guerra en Ucrania, los llamados “drones kamikaze” utilizados por Rusia y cuya función es la de bombardear zonas específicas y teniendo un objetivo concreto, logrando el ataque de manera inmediata y sin la presencia de un humano.

Otro ejemplo es el de la rápida detección y análisis de posibles amenazas a partir del estudio y observación de grandes cantidades de datos que un ser humano no podría realizar en menor tiempo.[6] En este caso, la IA es capaz de evaluar y analizar imágenes y situaciones de riesgo en el campo de batalla para construir un escenario que sea lo más acertado posible, a partir de diversas variables que se encuentran en el entorno correspondiente. Lo que hace interesante a la IA es la gran capacidad de estos sistemas para realizar diferentes actividades que van desde lo cotidiano como smartphones hasta su uso especializado en armas con capacidad de trabajar por tierra, mar y aire.[7]

Conclusiones

Nos encontramos frente a una innovación tecnológica que es capaz de adaptarse a distintas tareas en el ámbito militar y cuyo desempeño ha modificado las dinámicas en los conflictos, como el análisis de datos, el control y toma de decisiones, la detección de objetos, entre otras. La IA ha facilitado el acceso militar a zonas de guerra complicadas y predecir hasta cierto punto escenarios de guerra, lo que obliga básicamente a que los actores internacionales están en constante actualización tecnológica e inviertan en sistemas de defensa tangibles e intangibles.

Ante este panorama es importante reflexionar sobre la aplicación de estos sistemas en la guerra, en especial su nivel de destrucción ya que al no ser manipulados directamente por humanos, alcanza territorios a los que, sus características geográficas impiden el acceso de tanques y soldados, deshumanizando aún más el acto de la guerra.

Fuentes de consulta:

Arreola, Javer; China, EU y la guerra por la Inteligencia Artificial, [en línea], 2018, URL; https://www.forbes.com.mx/china-eu-y-la-guerra-por-la-inteligencia-artificial/ [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Calvo Löbbe, D. La Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra [en línea]. 2022. Lisa News. URL: https://acortar.link/ZXmSwa [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Euro News. Los peligros de la Inteligencia Artificial como arma de guerra [en línea]. 2023. EuroNews. URL: https://es.euronews.com/2023/02/17/los-peligros-de-la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

García, Caterina; “Las ‘nuevas guerras’ del siglo XXI. Tendencias de la conflictividad armada contemporánea” en Working Pappers, núm. 323, Institut de Ciències Polítiques et Sociales, Barcelona, 2013, 25 pp.

Micó, J. L. La guerra fría de la inteligencia artificial [en línea]. 2018. La Vanguardia. URL: https://www.lavanguardia.com/tecnologia/20180323/441857328514/guerra-fria-inteligencia-artificial.html. [Consultado el 27 de agosto de 2023].

Sánchez Herráez, P; La nueva pugna de las potencias: ¿guerra mundial 3.0 o guerra fría 2.0?, Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2023, p. 12. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Stockholm International Peace Research Institute, El gasto militar mundial supera los 2 billones de dólares por primera vez, [en línea], 2022, Sipri, URL: https://www.sipri.org/sites/default/files/2022-04/milex_press_release_esp.pdf [Consultado el 28 de agosto de 2023].

Suárez Jorge; “La Inteligencia Artificial como arma de guerra”, [en línea]. 2022. MIT SRM México. URL: https://mitsloanreview.mx/destacado-home/la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra/  [Consultado el 28 de agosto de 2023].


[1] Jorge Suárez; “La Inteligencia Artificial como arma de guerra”, [en línea], 2022, MIT SRM México. URL: https://mitsloanreview.mx/destacado-home/la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra/  [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[2] Calvo Löbbe, D. La Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra, [en línea]. 2022. Lisa News. URL: https://acortar.link/ZXmSwa [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[3] Caterina García; “Las ‘nuevas guerras’ del siglo XXI. Tendencias de la conflictividad armada contemporánea” en Working Pappers, núm. 323, Institut de Ciències Polítiques et Sociales, Barcelona, 2013, p. 9.

[4] Pedro Sánchez Herráez, La nueva pugna de las potencias: ¿guerra mundial 3.0 o guerra fría 2.0?, Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2023, p. 12. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[5] Euro News. Los peligros de la Inteligencia Artificial como arma de guerra, [en línea]. 2023. EuroNews. URL: https://es.euronews.com/2023/02/17/los-peligros-de-la-inteligencia-artificial-como-arma-de-guerra. [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[6] Calvo Löbbe, D. La Inteligencia Artificial y el futuro de la guerra, [en línea]. 2022. Lisa News. URL: https://acortar.link/ZXmSwa [Consultado el 28 de agosto de 2023].

[7] Ibid.

El uso del armamento biológico por el ejército japonés y las repercusiones en la seguridad humana del siglo XXI

Natalia González González

Haofei, W. apan’s Unit 731 conducting biological warfare research in Jilin province, China, in 1940.

Cuando las Armas de Destrucción Masiva (ADM) entran a discusión, se vislumbra un entendimiento de su riesgo y lo que su creación, desarrollo y proliferación significan para el sistema internacional. Sin embargo, la narrativa occidental de la seguridad se ha enfocado, principalmente, en las armas nucleares y armas químicas, olvidando aparentemente la existencia de armamento biológico. La atención a este tipo de armamento sólo cobra relevancia cuando alguna nota periodística advierte del descubrimiento de laboratorios biológicos encaminados al desarrollo de estas armas o, de igual manera, cuando se hacen notar incidentes biológicos en espacios estratégicos, como el ataque bioterrorista de 2001 en Washington (United States Department of Justice, 2010) o, de manera más reciente, cuando se ponen sobre la mesa las diversas respuestas ante la pandemia de COVID-19.


Breve historia del armamento biológico: el caso japonés.


Durante el reinado del emperador Hirohito en Japón, específicamente durante la toma de control sobre Manchuria en 1932, se estableció un centro de investigación de guerra biológica en la ciudad de Harbin. En 1937, también por mandato imperial, se estableció la Unidad de Prevención de Epidemias y Suministro de Agua Potable, conocida para el año de 1941 como Unidad 731. Esta unidad militar de investigación bacteriológica, bajo la dirección del General Shitō Ishii, estuvo encargada de la creación de armas químicas y biológicas para su subsecuente implementación en el campo de batalla (Metcalfe, 2002).

En aquel centro, no sólo se realizaban investigaciones controladas en animales como sujetos de prueba, sino que se practicaban las mismas intervenciones en prisioneros de guerra, provenientes de China, Corea y la Unión Soviética. Desde el año 1936 y hasta 1945, se realizaron pruebas que incluían el sometimiento a monitoreos de contagios intencionados, así como amputaciones sin anestesia y extracción de órganos (Van Sant, 2013).


Los científicos japoneses habían participado en investigaciones sobre guerra biológica (BW) y química (CW) en toda la región desde el momento en que Japón ocupó toda Manchuria en 1931-1932 hasta su rendición en agosto de 1945. Los científicos, con el apoyo entusiasta del gobierno, erigieron bases secretas en todo el territorio. Aquí los científicos podían experimentar libremente con animales y seres humanos sin interferencia de ninguna autoridad. Japón, durante su ocupación, convirtió a Manchuria en un gigantesco laboratorio de guerra biológica y química (Harris, 1994, p. 115).


El desarrollo de armamento biológico incluía la creación de vectores para su eventual entrega, ejemplo de ello son las bombas de porcelana y balones llenos de pulgas infectadas de agentes bacterianos que se desplegaban en espacios estratégicos como zonas agrícolas, suministros de agua y puertos importantes. Los objetivos de dichos vectores se encontraban especialmente en las provincias chinas de Hunan y Chekiang, pero también estaban dirigidas a las tropas estadounidenses ubicadas en Saipan. Desde este momento, se denotó la vulnerabilidad existente en espacios y recursos estratégicos, debido a la importancia del corredor Hunan-Chekiang para el suministro de alimentos de la costa este de China, especialmente a Nanchang, contando con vías de ferrocarril y ríos por las que la armada japonesa, y las guerrillas de resistencia chinas, se transportaban.

Pero, ¿qué ocurre después de la disolución de este programa?

Al término de la Segunda Guerra Mundial, el programa biológico estadounidense, una de las dos superpotencias, se nutrió del anterior programa biológico japonés, brindando total impunidad a los miembros de la Unidad al momento de su juicio con una supuesta insuficiencia de pruebas y bloqueos al acceso de testigos, a cambio de información recabada de los experimentos realizados en esta. [1]

En 1966, dio inicio la dispersión de estimulantes biológicos inofensivos en el sistema de trenes subterráneos de Nueva York, con el objetivo de probar una posible vulnerabilidad ante ataques biológicos debido a la propuesta de acciones experimentales dentro del territorio, pero ante la percibida amenaza de ataques biológicos contra territorio estadounidense, el presidente Richard Nixon anunció en 1969 el desarme unilateral del programa ofensivo de armas biológicas en los Estados Unidos (Carus, 2017).

En el año de 1972, se crea la Convención sobre Armas Biológicas (CAB). Si bien Estados Unidos participa, no tardaría en declarar un alto en la participación, lo que conllevaría a la falta de un régimen de verificación para un Protocolo sobre Armas Biológicas hasta la actualidad y el reconocimiento de un posible uso de armamento biológico por los adversarios del mismo país. La afirmación de la no utilización de armamento biológico por los Estados Unidos se da a partir de 1999.


Reflexiones:
La creación y desarrollo de programas de armamento biológico se considera a menudo en el discurso como algo totalmente prohibido, sin embargo, la historia reciente ha demostrado que el uso, desarrollo y evolución del armamento biológico no es un mito como se esperaría, identificándose no sólo como un riesgo a la seguridad nacional de países como Estados Unidos, China y Japón, sino una amenaza a todo el sistema internacional en su conjunto.

Asimismo, la exposición de poblaciones, infraestructura y espacios estratégicos hacia este armamento se unen a la facilidad en la que este puede ser diseminado por actores estatales y no estatales. El uso hacia blancos civiles, zonas agrícolas, e infraestructura, denota la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran las poblaciones a nivel mundial, ya que, hasta ahora, los planes estatales se concentran en la defensa y protección de las fuerzas armadas o bien la contención de los patógenos liberados después de su (difícil) identificación. Las acusaciones de uso de armamento biológico por el ejército estadounidense durante conflictos no han terminado, como ocurrió durante la Guerra de Corea.
Igualmente, durante las últimas décadas, China se ha posicionado como uno de los principales apoyos en cuestión de negociaciones en materia de armamento biológico considerando su historia. No obstante, los planes chinos en caso de una emergencia biológica se encaminan a unidades de sanitización, identificación de métodos de envío (como insectos) y se apegan a una definición de seguridad nacional defensiva. Según Escalante (2017), se trata de “cultura estratégica defensiva, una perspectiva de que el mundo es hostil, y que China está amenazada por todos los frentes, tanto internos, como externos, en comparación con otras potencias regionales como Japón, Corea del Sur, Australia o incluso Estados Unidos” (p. 337).


Actualmente, los Estados Unidos identifican a China, Corea del Norte, Rusia e Irán como probables países que mantienen el conocimiento y la capacidad de producir y utilizar patógenos y toxinas, haciendo de lado el uso histórico de estos mismos por la milicia estadounidense, el conocimiento adquirido mediante el programa biológico japonés para la evolución de su propio programa biológico y el nulo compromiso por la creación de un Protocolo de Armas Biológicas.


De esta manera, la adquisición de conocimiento de armamento biológico por el programa japonés, aunado a la impunidad de los investigadores a cambio de información, sentarían pautas que no sólo denotan las asimetrías de poder en las relaciones internacionales, sino también la falta de justicia, compromiso y viabilidad del desarme y la no proliferación de Armas de Destrucción Masiva.


Igualmente, no debe olvidarse que en cuestión de seguridad, Japón también se vio fuertemente afectado debido a los sucesos de la Segunda Guerra Mundial, ya que, aunque se dio el indulto a investigadores de guerra biológica, según el artículo 9 de la Constitución de Japón, se renuncia a la guerra como derecho soberano de la nación, “no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire como tampoco otro potencial bélico” (Prime Minister’s Office of Japan, s.f). Fue relegada la tarea de vigilancia, identificación y/o contención de incidentes biológicos a las fuerzas policiales, sucesos ya ocurridos en las décadas de 1980 y 1990 (Clark & Pazdernik, 2016).


En conclusión, la creación y verificación de un Protocolo de Armas Biológicas se trata de un tema delicado, empero necesario. Si bien, “ningún Estado reconoce hoy día que posee armas biológicas o que tiene un programa para desarrollarlas” (Gillis, 2017, p. 58), no es tomado en cuenta el uso dual de agentes biológicos ni la implementación de nuevo conocimiento y tecnologías sobre patógenos y toxinas fuera de ámbitos militares, tampoco la necesidad de una efectiva regulación en lo que refiere a empresas farmacéuticas y laboratorios que cuentan con cepas biológicas.

[1] La historia del armamento biológico en los Estados Unidos se retoma desde el año de 1942 con el inicio del Programa Ofensivo de Armamento Biológico. El programa fue incentivado por el ambiente internacional de la época, teniendo en cuenta los programas biológicos desarrollados por Alemania y el gran avance en el área por Gran Bretaña, lo que inició una carrera armamentista en términos biológicos. La información extraída del programa biológico japonés constituyó una importante evolución para los Estados Unidos, situación reconocida por el General estadounidense Douglas MacArthur (presente también en la Guerra filipino-estadounidense y la Guerra de Corea), quien se encontraba a cargo de la ‘reconstrucción’ de Japón, así como de la recolección de pruebas sobre guerra biológica japonesa (Leavitt, W. M., 2015).

Referencias:

  1. Escalante, M. (2017). “La cultura estratégica China y su política exterior nacionalista en el Siglo XXI. Reflexiones para América Latina”, América Latina y el Caribe. Relaciones políticas e internacionales 2017, México, 337 pp.
  2. Carus S. (2017), A Short History of Biological Warfare: From Pre-History to the 21st Century. Center for the Study of Weapons of Mass Destruction, Washington, D.C, 45 pp.
  3. Clark, D. P., & Pazdernik, N. J. (2016). Biological Warfare: Infectious Disease and Bioterrorism. Biotechnology, 687–719.
  4. United States Department of Justice. (2010), Amerithrax investigative summary. Washington, D.C. https://www.justice.gov/archive/amerithrax/docs/amx-investigative-summary.pdf
  5. Gillis, M. (2017). Disarmament a basic guide. UNODA. Nueva York, 105 pp.
  6. Fleury, J. S. (2022). THE RISE AND FALL OF THE JAPANESE EMPIRE (CHAPTER XX). 40 pp.
  7. Harris, S. (1994) Factories of Death: Japanese Biological Warfare, 1932-45, and the American Cover-up, Rutledge, 385 pp.
  8. Herrera, D. (2017). “Producción estratégica del espacio y hegemonía mundial. La confluencia en el estudio de la Geografía política y la Geopolítica” en León Hernández, E. (coord.); Praxis espacial en América Latina. Lo geopolítico puesto en cuestión. UNAM, Itaca, México, pp. 129-152.
  9. Metcalfe, N. (2002). A Short History of Biological Warfare. Medicine, Conflict and Survival, 18(3), 271–282.
  10. Prime Minister’s Office of Japan. (s.f.). The Constitution of Japan. https://japan.kantei.go.jp/constitution_and_government_of_japan/constitution_e.html
  11. State Council Information Office of the People’s Republic of China. (2019). China’s National Defense in the New Era. 51 pp.
  12. U.S. Department of Defense. (2023). Biodefense Posture Review. 56 pp.
  13. Van Sant, J. E. (2013). [Review of Japan’s Wartime Medical Atrocities: Comparative Inquiries in Science, History, and Ethics, by J.-B. Nie, N. Guo, M. Selden, & A. Kleinman]. Journal of the History of Medicine and Allied Sciences, 68(1), 154–156.

Presencia militar de la República Popular China en África: la base militar china en Yibuti

Esteban Valverde Nava

Washington Post

En décadas recientes, la República Popular China (RPC) ha ampliado su zona de influencia considerablemente con el fin de promover y proteger sus intereses alrededor del mundo. China se ha hecho presente en África a través de inversiones, operaciones para el mantenimiento de la paz, asistencia técnica y humanitaria, venta de armas y en el caso de Yibuti con una base militar. El objetivo de este trabajo es analizar el impacto que ha tenido la presencia militar de China en dicho país africano, además de la relevancia que tiene esta base, la primera de su propiedad en ultramar en el ordenamiento regional y global.

Yibuti se encuentra en el Cuerno de África, entre Eritrea, Etiopía y Somalia, por lo que tiene una posición relevante para las cadenas globales de suministro al tener sus costas en el mar Rojo y en el golfo de Adén, además, forma parte junto con Yemen del Estrecho de Bab el-Mandeb. Su localización lo hace un espacio estratégico, por lo que países como Francia, Estados Unidos, Italia, Japón y China han decidido estacionar fuerzas militares dentro del territorio y han colocado grandes inversiones en infraestructura portuaria en el país africano. 

Para poder entender la presencia de China en Yibuti debemos hablar de las políticas del Collar de Perlas y la Belt & Road Initiative (BRI) o Nueva Ruta de la Seda. La estrategia del Collar de Perlas está enfocada en aumentar la influencia económica, militar, diplomática y política de China en la región del océano Índico a través de la construcción de infraestructura portuaria en países aliados de la región (Ashraf, 2017), como son Myanmar, Bangladesh, Sri Lanka, Maldivas, Pakistán y ahora Yibuti, y así poder desafiar el despliegue global de Estados Unidos.  La política del Belt & Road Initiative (BRI) tiene como objetivo “desarrollar proyectos de infraestructura que facilitaran la interconexión de Eurasia, y parte de África, en torno a la dinámica del boyante capitalismo chino” (Herrera, 2019, p. 42).

A través del crecimiento de sus capacidades nacionales, el uso de su poder económico y financiero, China ha buscado expandir su influencia geopolítica en el sur de Asia y Medio Oriente (Wang, 2018). China, por ejemplo, es el segundo socio comercial de los países del Medio Oriente y ha sido el mayor socio comercial de África desde hace más de una década (Sun & Zoubir, 2021). África hospeda a más de 10,000 firmas del país asiático, un millón de inmigrantes chinos y aproximadamente 260,000 trabajadores provenientes de China (Nantulya, 2022). Por tanto, para proteger estos flujos de personas y de capital en la región, la base militar inaugurada por la República Popular China en agosto de 2017, resulta indispensable. 

Y es que hay que considerar que el comercio internacional de China depende ampliamente de la distribución marítima y de las importaciones de combustibles a través del mar, que representan el 70% del total de sus suministros energéticos. China obtiene la mitad de su petróleo importado de África y la otra mitad de Medio Oriente, por lo que necesita proteger las rutas marítimas que pasan por el estrecho de Ormuz y el estrecho de Bab el Madeb para reducir las amenazas a su seguridad nacional (Ashraf, 2017). Es por ello que en el Libro Blanco sobre Defensa Nacional de China de 2015 se introdujo la estrategia marítima de dos niveles de defensa de aguas costa afuera y protección del mar abierto, marcando la evidente ambición de China de construir una flota de alta mar. 

En los años recientes, China  ha comenzado a tomar una postura más proactiva en su política exterior para salvaguardar su desarrollo nacional,  avanzar en su estrategia nacional y en sus intereses económicos en el exterior (Yu, 2017). La base militar en Yibuti sirve como una base de apoyo logístico para colaborar con las operaciones navales de escolta, mantenimiento de la paz y misiones humanitarias en África.

Como podemos ver, la instalación de su base militar responde a la intención de China de proteger sus intereses en el exterior, pero al mismo tiempo le permite insertar a Yibuti en la BRI con inversiones en proyectos infraestructurales en el país africano. Para lograr instalar su base militar, capitales chinos han participado en importantes obras de infraestructura, lo que despierta menor oposición de la población y haciéndola distinguir de la presencia de otras potencias en el territorio. Además, ha recibido 957 millones de dólares del Banco de Exportaciones-Importaciones de China (BEIC) para financiar distintos proyectos como una línea de tren que une la capital del país con la capital de Etiopía (The Associated Press, 2018). Es así que la economía de Yibuti es una de las que más rápido está creciendo en el mundo, a pesar de estar rodeado de países en conflicto.

Por otro lado, la presencia China en Yibuti se vuelve parte de la disputa de hegemonía en la región con Estados Unidos. La participación de China en los proyectos infraestructurales de Yibuti representa una amenaza a los intereses de Estados Unidos en la región, pues el hecho de que compañías chinas sean dueñas y manejen los puertos le permite a China bloquear el acceso al gobierno de Estados Unidos al territorio y servicios en los puertos de Yibuti y así evitar que use los puertos para atracar buques militares (Devermont et al., 2019), considerando que la base militar china se encuentra a unos pocos kilómetros de la única base militar estadounidense en África, Camp Lemonnier, mientras que China controla dos de las cinco terminales del Puerto de Yibuti.

Podemos concluir que la base militar china en Yibuti responde claramente a los intereses comerciales y energéticos del país asíatico en la región. China ha logrado la instalación de su primera base en ultramar a través de la conjunción de aspectos económicos y militares para evitar la oposición de la población, y al mismo le permite disputar la presencia hegemónica de las demás potencias asentadas en el país africano considerando la importancia estratégica que representan el mar Rojo y el golfo de Adén.

No podemos olvidar tampoco que las grandes inversiones de capital en Yibuti responden igual a una política económica de largo alcance como es la Nueva Ruta de la Seda, que busca expandir los lazos comerciales de China a través del mundo. Por ello, no debe extrañar las enormes inversiones en infraestructura, principalmente en el puerto de Yibuti, permiten al país de Asia reforzar las cadenas de suministro dentro de África, idea que viene acompañada con el impulso al desarrollo de los países africanos aunque generando una amplia dependencia a los capitales chinos.

Fuentes consultadas:

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Devermont, J., Cheatham, A., & Chiang, C. (2019, junio 4). Assessing the Risks of Chinese Investments in Sub-Saharan African Ports. Center for Strategic & International Studies. https://www.csis.org/analysis/assessing-risks-chinese-investments-sub-saharan-african-ports

Herrera, D. (2019). Geopolítica de la fragmentación y poder infraestructural. El Proyecto One Belt, One Road y América Latina. Geopolítica(s). Revista de estudios sobre espacio y poder, 10(1), 41–68.

Nantulya, P. (2022, mayo 12). Considerations for a Prospective New Chinese Naval Base in Africa. Africa Center for Strategic Studies. https://africacenter.org/spotlight/considerations-prospective-chinese-naval-base-africa/

Sun, D., & Zoubir, Y. H. (2021). Securing China’s ‘Latent Power’: The Dragon’s Anchorage in Djibouti. Journal of Contemporary China, 30(130), 677–692. https://doi.org/10.1080/10670564.2020.1852734

The Associated Press. (2018, abril 10). The New Military Powerhouse on the Red Sea: Tiny Djibouti. Haaretz. https://www.haaretz.com/middle-east-news/2018-04-10/ty-article/the-new-military-powerhouse-on-the-red-sea-tiny-djibouti/0000017f-dc4c-df62-a9ff-dcdf89830000

Wang, M. (2018, abril 13). China’s Strategy in Djibouti: Mixing Commercial and Military Interests. Council on Foreign Relations. https://www.cfr.org/blog/chinas-strategy-djibouti-mixing-commercial-and-military-interests

Yu, H. (2017). Motivation behind China’s ‘One Belt, One Road’ Initiatives and Establishment of the Asian Infrastructure Investment Bank. Journal of Contemporary China, 26(105), 353–368. https://doi.org/10.1080/10670564.2016.1245894

El papel de China en el conflicto militar Rusia-Ucrania: un análisis desde el control de armamento y desarme

Amanda Ruby Hernández Ramírez

La política de no injerencia y neutralidad que la República Popular China (RPC) proyecta hacia el exterior no ha sido congruente. Al no desempeñar actividades directas en la contienda rusa-ucraniana, China no ha declarado explícitamente hacia quién dirige su apoyo. Las duras críticas de países como Estados Unidos (EE. UU.) y diversos miembros de la Unión Europea (UE) señalan que la inacción es una decisión.

            Sin embargo, China conserva estrechas relaciones con ambos países. Si bien prima el factor económico -importación de gas natural y petróleo, así como inversión en proyectos agrícolas y de infraestructura-, también destaca el ámbito militar. Este último se puede ejemplificar con las cifras del gasto militar mundial en 2022, las cuales tienden a crecer con claras hegemonías en el “top 10”; en ellas, por ejemplo, destacan EE. UU. con 877 y China con 292 billones de dólares, respectivamente (SIPRI, 2023).

El conflicto Rusia-Ucrania y su acercamiento con la región de Asia-Pacífico

Desde la anexión de Crimea a Rusia en 2014[1] y hasta la escalada del conflicto en 2022, distintos países vecinos y aliados de Rusia pasaron de alguna manera desapercibidos. Lo que se pensaba como una disputa bilateral resultó ser un intrincado complejo.

Rusia ha colocado en el centro de su política exterior y estrategia de seguridad nacional el cuidado de sus dos grandes fronteras: con Europa Occidental y con Asia-Pacífico. El vínculo entre Rusia y China se observa desde la época de Guerra Fría puesto que ambos países se insertaron en el socialismo y abogaron por una diplomacia equilibrista[2] que contrarrestó al proyecto occidental. En 1991, delimitaron su frontera y, en 2001, consolidaron sus relaciones diplomáticas con la firma de un Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa, incluso llevan a cabo ejercicios militares conjuntos desde 2005 (Demurtas, 2022, p. 36).

 Entre China y Rusia también convergen intereses específicos como el aprovisionamiento de una seguridad energética. Al respecto,  Ríos (2022, p. 66) menciona el acuerdo “Power of Siberia” para la creación de un gasoducto que una los yacimientos de gas de Siberia con China.

De manera similar, los vínculos entre China y Ucrania no son insignificantes. China es el mayor socio comercial de Ucrania con 30% de las importaciones chinas de cebada procedentes de la ex república soviética y 60% de las exportaciones ucranianas de mineral de hierro dirigidas al país asiático (Ríos, 2022, p. 68). Ucrania es también uno de los socios europeos de la Iniciativa Franja y Ruta de la Seda, además de un importante centro logístico entre Europa y Asia-Pacífico.

China: posicionamiento y armamento ante el conflicto Rusia-Ucrania

La soberanía y la integridad territorial[3] son postulados fundamentales de la política exterior china. La RPC reconoce el expansionismo militar de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y la inserción de Ucrania a esta alianza como una potencial amenaza, pero evita condenar directamente las acciones de Rusia (Giusto, Malena y Sevares, 2022, p. 39).

Estas aparentes contradicciones de China nos acercan a su interpretación de la guerra. Desde sus orígenes, la RPC ha utilizado como estrategia confundir al oponente sin revelar con cuantas armas cuenta, por mencionar un ejemplo. Por ello, en lo que concierne al armamento -nuclear, químico, etc.-, China ha adoptado el no primer uso, es decir, sólo en respuesta a un ataque armado previo y directo.

En cuanto a las controversias generadas por las operaciones de China en el conflicto Rusia-Ucrania, un artículo escrito en marzo del año pasado por Hu Wei (2022) enuncia que China no tomará partido alguno y que, de ser necesario, cortará sus lazos con Rusia. Hablando en cuestiones numéricas, y entiendo diversos aspectos del armamento como la adquisición, despliegue y uso directo o indirecto, el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, 2022) ha realizado diversos informes que

demuestran la consolidación de la industria armamentista china desde mediados de la década de 2010. Una de las razones es que el conflicto Rusia-Ucrania se sumó a los desafíos de la cadena de suministro para las empresas de armas, sobre todo porque Rusia es un importante proveedor de materias primas utilizadas en la producción de armas. Esto entorpece a su vez los esfuerzos de EE. UU. y Europa por engrosar sus fuerzas armadas porque el gasto en municiones y otros equipos provistos a Ucrania se está volviendo insostenible.

De responsabilidades delegadas y asumidas

Si algo podemos reconocer del gobierno chino es que ha enfrentado con mucha astucia el conflicto Rusia-Ucrania al hacerse responsable de sus actos por medio de la diplomacia. Los funcionarios chinos, por ejemplo, constantemente hacen llamados a reducir el impacto negativo de la crisis, reducir la severidad de sanciones y a fomentar la autonomía de decisión.

El canciller chino Wang Yi ha sido uno de ellos al posicionarse en contra de las “ineficaces” sanciones económicas a Rusia por parte de EE.UU. y sus aliados, catalogándolas como “terrorismo financiero” y “hegemonismo económico” (Conelly, 2023, p. 11). Más recientemente, el presidente Xi Jinping ha abierto canales de diálogo directo y permanente con los principales líderes de Occidente, sin proponerse como un mediador.

El 15 de mayo, el representante especial chino para asuntos euroasiáticos, Li Hui, visitó Kiev y Moscú con el objetivo de lograr un arreglo político a la guerra (Reuters, 2023). Desafortunadamente, cuando comenzó la visita de Li, los ataques rusos activaron las sirenas de ataque aéreo en Kiev.[4]

Visibilizar cómo la industria de las armas influye directamente en la toma de decisiones de China frente al conflicto Rusia-Ucrania, permite hacer un análisis más amplio de la estabilidad o inestabilidad en la región del Asia-Pacífico.

            Las presiones para que China asuma el papel de mediador en el conflicto deben ser reivindicadas con el principal objetivo de fortalecer áreas más allá de lo militar y así impulsar una política constructiva con soluciones viables, integrales e inclusivas. En la práctica, Rusia, Ucrania y China velan por lo que consideran como seguridad nacional y por legitimarse como Estados autónomos, pero la vía de la carrera armamentista no ha hecho más que acrecentar las asimetrías y alargar un proceso de conciliación.


Referencias

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Buckley, C. (2022, 28 febrero). La invasión de Rusia a Ucrania desafía la retórica de China. The New York Times. https://www.nytimes.com/es/2022/02/25/espanol/china-ucrania-soberania-rusia.html 

Connelly, M. (2023). Papel de China ante la guerra entre Rusia y Ucrania. México y la cuenca del pacífico, 12(34), 9-21. https://doi.org/10.32870/mycp.v12i34.841 

Demurtas, A. (2022). LA DIMENSIÓN NUCLEAR DE LA GUERRA EN UCRANIA: NUEVA NARRATIVA, PODER Y ORDEN INTERNACIONAL. Revista Española de Derecho Internacional, 74(2), 23–56. https://www.jstor.org/stable/27169914

Giusto, P., Malena, J., y Sevares, J. (2022). La política exterior china a partir de la guerra en Ucrania. En CHINA EN 2022: ANÁLISIS DE HECHOS DESTACADOS EN EL ÁMBITO DOMÉSTICO E INTERNACIONAL (pp. 37–45). Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). http://www.jstor.org/stable/resrep44942.6

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Ríos, X. (2022). China ante la invasión rusa de Ucrania. Nueva Sociedad, (301), 64-81.https://static.nuso.org/media/articles/downloads/3.TC_Rios_301.pdf

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Wezeman, P., Gadon J. y Wezeman S. (2023). Trends in international arms transfer, 2022. Estocolmo: SIPRI. https://doi.org/10.55163/CPNS8443 


[1] Cabe aclarar que China no reconoció la anexión de Crimea, sino que reaccionó oficialmente al reconocimiento por parte de Rusia de dos territorios separatistas en Ucrania.

[2] Ríos (2022:77) refiere a las tácticas de doble juego como equilibristas, es decir, que son políticamente correctas omitiendo los detalles “incómodos”.

[3] El principio de integridad territorial para los Estados ha sido reivindicado por China al explicitar que esto vale también para Ucrania.

[4] Funcionarios militares ucranianos interceptaron dieciocho misiles rusos, incluidos seis misiles hipersónicos.

Island Chain: La estrategia militar de Estados Unidos para cercar a China en el Pacífico

Héctor Axel Hernández Sánchez

Vermilion China/ SubStack

En los últimos años, la región de Asia Pacífico ha sido testigo de un aumento significativo de la actividad militar. Países como Japón, Filipinas, Corea del Sur y Australia han surgido como actores militares de creciente relevancia en dicha parte del mundo; se ha incrementado el gasto en las fuerzas armadas y se han empezado a construir nuevas bases militares, como es el caso de la isla de Mageshima en Japón, donde los gobiernos nipón y estadounidense plantean estacionar aviones de combate[1] como parte de las acciones preventivas en defensa del país asiático, algo con lo que Estados Unidos (EE.UU.) se encuentra comprometido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Todas estas acciones y movimientos de naturaleza militar no son aleatorios, forman parte de una estrategia de EE.UU. formulada en plena Guerra Fría junto con varios países aliados de la región para contener la expansión del socialismo y su penetración en el Pacífico. La Island Chain Strategy (Estrategia de la Cadena de Islas), es una propuesta concebida en 1951 por el Secretario de Estado, John Foster Dulles,[2] que consiste en colocar bases y áreas navales en islas estratégicas a lo largo de la costa asiática del pacífico para restringir el acceso de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) al Océano Pacífico.

Después de más de tres décadas de la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U.R.S.S.), EE.UU. ha conservado la puesta en práctica de dicha estrategia, pero ahora focalizada hacia China y su expansionismo en el Pacífico, específicamente en sus reclamos sobre gran parte del Mar del Sur de China y la totalidad de la Isla de Taiwán. Este último punto es el que más preocupa a los estadounidenses, pues Taiwán, además de ser un aliado indiscutible de la potencia norteamericana en la región, también controla alrededor del 55% del mercado mundial de microchips,[3] un componente de suma importancia para diversas industrias tecnológicas actuales alrededor del mundo.

Ante este escenario, se puede afirmar que EE.UU. no puede permitir que China invada y tome Taiwán, haciéndose de este importante mercado, pues generaría una situación de desventaja frente al gigante asiático en el marco de la guerra comercial que actualmente ambos países llevan a cabo, además de socavar su posición histórica en la región y romper con la estrategia de la Island Chain.

Es por ello que, en los últimos años, EE.UU. ha impulsado la militarización de sus países aliados en la región, aprovechando también las tensiones que China ha generado con sus vecinos del Sudeste Asiático como Vietnam y Filipinas por los reclamos sobre las aguas territoriales del Mar del Sur de China; donde China reclama casi la totalidad de este cuerpo de agua,[4] en contraposición con la postura de sus vecinos.

En conjunto con los reclamos territoriales, China ha llevado a cabo acciones para amedrentar a sus vecinos, actividades que van desde el lanzamiento de misiles y ejercicios militares en las Islas Spratly[5] (territorio en disputa con Filipinas y Taiwán), el acoso a embarcaciones pesqueras extranjeras (principalmente de Filipinas) en aguas en disputa,[6] la construcción de bases militares en islas que reclaman como propias sus vecinos[7] y la violación del espacio aéreo de otros países.[8] A través de ello, “el gigante asiático” ha ejercido coerción sobre sus países vecinos, provocando una fuerte tensión en sus relaciones.

Además de lo mencionado, China se ha encontrado en una constante modernización de sus fuerzas armadas, modernización cuya velocidad es reveladora. De acuerdo con un artículo de The Telegraph, China está construyendo lo equivalente a toda la Royal Navy británica cada cuatro años,[9] armando así una fuerza militar considerable en cuanto a la rama marítima.

Estas constantes tensiones y provocaciones, en conjunto con el rápido crecimiento de las fuerzas armadas chinas le han dado a los EE.UU. la oportunidad de actuar en consecuencia, de cerrar filas con sus aliados en la región y de plantar un plan de acción que va de la mano con la Island Chain Strategy.

Dentro de las acciones tomadas como parte de esta estrategia, se pueden observar movimientos militares importantes. Aunque, primeramente, es menester saber que la potencia norteamericana ya cuenta con presencia militar en la región, pues existen alrededor de 39 mil soldados estadounidenses estacionados en todo Japón, desde la isla principal de Honshu hasta la muy cercana a Taiwán, Okinawa,[10] además de otros 29 mil elementos en toda Corea del Sur.[11]

Con esta presencia, EE.UU. busca aumentar sus números y fortalecer a sus aliados en la región. Acciones como la reapertura de la base conocida como Camp Blaz en Guam,[12] la venta de misiles de largo alcance a Japón,[13] el convenio acordado con  Filipinas para abrir nuevas bases militares en su territorio (con un total de nueve) que sirvan para estacionar tropas y suministros[14] y, por último, la firma del tratado AUKUS junto con Reino Unido y Australia donde se garantiza el acceso de Australia a submarinos nucleares con tecnología de última generación para el patrullaje de las aguas del Pacífico y la posibilidad de estacionar submarinos británicos y estadounidenses en puertos australianos son parte del despliegue.[15] 

Reflexiones finales

Lo que EE.UU. está llevando a cabo junto a sus aliados en el Pacífico tiene que entenderse desde dos ángulos: la búsqueda por contrarrestar y frenar el expansionismo chino en la región; y la de China, que ve cómo su país se ve rodeado por bases militares estadounidenses, con vecinos incómodos que día a día incrementan su capacidad de responder militarmente y con cada vez más misiles apuntando hacia su territorio.

La incertidumbre radica en si estos movimientos que EE.UU. está llevando a cabo para contener a China e impedir una eventual invasión a Taiwán (esperada para antes del 2049) lograrán su objetivo o se termine obteniendo el efecto contrario, que todo el equipamiento y personal desplegado en Asia Pacífico tenga una influencia potencial en China y esta actúe antes de lo esperado para así garantizar la supremacía con la que aún cuenta en la región.

Referencias

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[1]Gabriel Honrada, “Japan building new island base to guard against China”. Asia Times, 16 de enero de 2023. https://asiatimes.com/2023/01/japan-building-new-island-base-to-guard-against-china/.

[2]Sodhi, Col. “Island chain strategy: Steps to checkmate China”. Financial Express, 18 de junio de 2022. https://www.financialexpress.com/business/defence-island-chain-strategy-steps-to-checkmate-china-2565232/.

[3] Miller, Chris. “The Chips That Make Taiwan the Center of the World”. Time, 5 de octubre de 2022. https://time.com/6219318/tsmc-taiwan-the-center-of-the-world/.

[4]  Véase el mapa conocido como Nine dash line para más referencia sobre estos reclamos.

[5] Steven Lee Myers y Keith Bradsher. “China Fires Missiles Into South China Sea, Sending U.S. a Message (Published 2020)”. The New York Times, 27 de agosto de 2020. https://www.nytimes.com/2020/08/27/world/asia/missiles-south-china-sea.html

[6]Jason  Gutierrez y Jes Aznar. “Overwhelmed by Chinese Fleets, Filipino Fishermen ‘Protest and Adapt’ (Published 2021)”. The New York Times, 11 de julio de 2021. https://www.nytimes.com/2021/07/11/world/asia/philippines-south-china-sea-fishermen.html.

[7] Guardian Staff Reporter. “China has fully militarized three islands in South China Sea, US admiral says”. the Guardian, 21 de marzo de 2022. https://www.theguardian.com/world/2022/mar/21/china-has-fully-militarized-three-islands-in-south-china-sea-us-admiral-says.

[8] Guardian Staff Reporter. “Taiwan says 37 Chinese military aircraft entered its air defence zone”. The Guardian, 8 de junio de 2023. https://www.theguardian.com/world/2023/jun/08/taiwan-says-37-chinese-military-aircraft-entered-its-air-defence-zone.

[9] Dominic Nicholls, “China is launching equivalent of Royal Navy every four years”. The Telegraph, 15 de octubre de 2021. https://www.telegraph.co.uk/news/2021/10/15/china-launching-equivalent-royal-navy-every-four-years/#:~:text=In%20terms%20of%20tonnage,%20China,China%20Sea,%20at%20least).

[10] United States Government. “About U.S. Forces Japan”. U.S. Forces Japan. Consultado el 22 de julio de 2023. https://www.usfj.mil/About-USFJ/.

[11]Josh  Smith, “Home to 28,000 U.S. troops, South Korea unlikely to avoid a Taiwan conflict”. Reuters, 27 de septiembre de 2022. https://www.reuters.com/world/asia-pacific/home-28000-us-troops-skorea-unlikely-avoid-taiwan-conflict-2022-09-26/.

[12] Brad Lendon,”US Marines officially opens first new base in 70 years on island of Guam”. CNN, 27 de enero de 2023. https://edition.cnn.com/2023/01/27/asia/new-us-marine-corps-base-guam-intl-hnk-ml/index.html.

[13] Mari Yamaguchi,”Japan signs $2.8B long-range missile development deals”. AP News, 12 de abril de 2023. https://apnews.com/article/japan-missile-mitsubishi-development-china-8659b07da444e562e89fe190dfe193d6.

[14] Ashley Westerman, “The U.S. and the Philippines agree to a larger American military presence”. NPR, 2 de febrero de 2023. https://www.npr.org/2023/02/02/1153727888/the-us-philippines-american-military-presence.

[15] Redacción, “4 claves del acuerdo Aukus, el pacto con el que Estados Unidos, Reino Unido y Australia planean hacerle frente a China en el Indopacífico – BBC News Mundo”. BBC News Mundo, 14 de marzo de 2023. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-64952155.

Militarización del cuerpo social y enfoques alternativos a la seguridad: el caso de Cachemira

Gianna Andrea Rodríguez Quiroz

Salil Bera / TheWeek

“mirar a los cuerpos como territorios vivos e históricos donde habitan nuestras heridas, memorias, saberes, deseos, sueños individuales y comunes; mirar a los territorios como cuerpos sociales que están integrados a la red de la vida…”

Delmy Tania Cruz Hernández

Desde los últimos años hemos comenzado a ser testigos del rápido auge de la potencialización del uso de las fuerzas armadas, así como las consecuencias que ello ha tenido en nuestra cotidianidad, viéndose afectado un tejido que parece ser invisible pero que al mismo tiempo envuelve y conecta a cada individuo de una comunidad: el cuerpo social.  Así como el cuerpo humano está compuesto por diversos órganos y sistemas que trabajan en conjunto para mantener el funcionamiento y equilibrio del organismo, el cuerpo social está compuesto por individuos, grupos sociales, instituciones y estructuras que interactúan entre sí y se influencian mutuamente.

¿De qué manera el cuerpo social se ve afectado por la militarización? ¿Cómo es que este se termina militarizando? Para comprender mejor el proceso por el cual el cuerpo-territorio de lxs individuos pasa a ser utilizado y disputado por las fuerzas armadas, se utilizará un ejemplo respecto a un conflicto militar latente en Cachemira, una región ubicada en el Himalaya y disputada entre Pakistán e India desde la partición de la India británica en 1947.

El conflicto en Cachemira ha llevado a una presencia militar significativa en la región, la cual se ha dividido entre zonas que se ocupan militarmente: la India tiene presencia en las áreas del norte mientras que el ejercicio de control de las regiones de Jammu, en la parte sur, es por parte de Pakistán.[1] No obstante, en los últimos años, diversos reportes advierten de un mayor incremento de presencia militar por parte de India (Ruelas, 2018).

La militarización ha creado y ha tenido como consecuencia una atmósfera de abusos y torturas para las comunidades que se encuentran habitando Cachemira, abusos que incluyen desde detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas (El País, 2008). La ocupación militar en este espacio es un ejemplo claro de lo que es la militarización del cuerpo social debido a la manera en la que las fuerzas militares y de seguridad han adquirido una presencia dominante que termina afectando la vida cotidiana de la población local, afectando eventualmente la seguridad humana, y los derechos de las y los individuos de los espacios que se encuentran en disputa. 

El cuerpo social de Cachemira se ha visto inmerso en un ambiente de hostigamiento, miedo y desconfianza, donde las interacciones y relaciones humanas están mediadas a costa del control militar. Este tipo de presencia militar constante es la que se logra militarizando al cuerpo social, alejándolo de toda experiencia que no sea constantemente violenta. Es la misma imposición de restricciones a la libertad de movimiento y expresión, que han surgido como consecuencia de las denuncias de violaciones de derechos humanos, la que causa un constante impacto en las comunidades que llevan años tratando de (co)existir en un ambiente que solamente tiene como objetivo la destrucción del cuidado de cualquier individuo.

Y es que precisamente este ejemplo de la violencia que la militarización puede causar en espacios que únicamente deberían de ser destinados a la sana convivencia y a la armonía entre seres humanos-naturaleza-ambiente, nos ayuda a comprender que los Estados tienen como tarea urgente el buscar y ejecutar alternativas a la seguridad tanto de sus propios territorios como la seguridad de las personas que los habitan. Para encontrar soluciones duraderas y justas para cualquier tipo de conflicto tanto territorial como de importancia urgente para un Estado, es necesario alejarse de las narrativas completamente militares como objetivo principal y abordar la cuestión desde enfoques alternativos a la seguridad. Uno de estos enfoques podría radicar, desde mi perspectiva, en la promoción de la justicia social y la igualdad de oportunidades para todas las comunidades que habitan los espacios, así como reconocer y respetar la diversidad cultural y religiosa de los mismos, fomentando la inclusión y el diálogo, en lugar de la imposición de soluciones unilaterales.

Otro enfoque alternativo implica la desmilitarización progresiva del cuerpo-territorio, buscando reducir la presencia de fuerzas militares y de seguridad a través de la promoción de un enfoque de paz y cooperación, así como garantizar que las luchas de las personas afectadas sean escuchadas y respetadas para una mayor estabilidad y legitimidad en las políticas y decisiones que afectan sus vidas. De igual manera es importante la separación de las tareas civiles de los cuerpos militares, entendiendo las consecuencias que esto puede tener en corto y largo plazo.

La búsqueda de la seguridad de la humanidad puede, y debe, tener enfoques distintos a los que se han ejecutado con tanta facilidad y tanto daño, “y comenzar a reflexionar que esta seguridad también implica tomar en cuenta sobre aspectos que nos definen como seres humanos: fragilidad y vulnerabilidad” (Nussbaum,1995, p.29). Reconocer la vulnerabilidad de lxs otrxs es un paso vital e importante para seguir planteando y buscando enfoques que tengan como objetivo el cuidado y preservación de la vida, además de la seguridad de todas las personas que conforman espacios que deberían de estar destinados al respeto y el cuidado de la dignidad y los derechos que conforman el diverso y resiliente cuerpo social.

Fuentes consultadas:

Cortes Pinzon, Andra Melissa (2012), “Análisis del conflicto indo – paquistaní, por la región de Cachemira durante el periodo comprendido entre 1947 y 1972”, http://repository.urosario.edu.co/bitstream/handle/10336/2866/53080011- 2012.pdf;sequence=3

Echeveri, Juan A., y Rodrígo Botero.(2002) «¿Política territorial o territorializar la política? Ensayo metodológico en la Dirección Territorial Orinoquia Amazonia». En Parques con la gente II:Política de participación social en la conservación, 267-87. Bogotá: Unidad Administrativa Especial del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia y Ministerio del Medio Ambiente.

Foucault, Michel. 1984. Historia de la sexualidad II . 8.a ed. Graal.

El País, “India y Pakistán abren una puerta para superar el conflicto de Cachemira” https://elpais.com/internacional/2008/10/21/actualidad/1224540005_850215.html

Haesbaert, Rogério. (2020). Del cuerpo-territorio al territorio-cuerpo (De la tierra): contribuciones Decoloniales. Cultura y representaciones sociales, 15(29), 267-301. Epub 07 de marzo de 2022. Recuperado en 25 de julio de 2023, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2007-81102020000200267&lng=es&tlng=es.

Nussbaum, Martha. (1995) La fragilidad del bien, Visor, Madrid

Ruelas Valdes, Diana (2018) Cachemira: un conflicto interminable entre Paquistán y la India. Instituto de Investigaciones de la Armada de México. Disponible en: https://cesnav.uninav.edu.mx/cesnav/ININVESTAM/docs/docs_informativos/di_01-18.pdf

UNDP ARGENTINA (1998) Capítulo I: Concepto y dimensiones de la seguridad humana PNUD Argentina 1998


[1]Es importante rescatar que gran parte del conflicto fue también gracias al choque entre dos proyectos de nación. Por un lado, India pretendía retener Cachemira para demostrar que la provincia podía prosperar en un Estado secular, por otro lado el gobierno de Islamabad, creía que la población de Cachemira, que es de mayoría musulmana, pertenecía a Pakistán.

La (re) militarización en Japón bajo la sombra del artículo 9 constitucional

Diana Yunuen Zambrano Cervantes

Foto: Anti-War Info/http://www.anti-war.info/schedule/1410031/

Tras la rendición del imperio japonés y el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos marcaría un cambio radical en la concepción de seguridad nacional para el pueblo japonés. La redacción de una nueva constitución llevaría a trazar un camino distinto para un país que en ese momento se encontraba completamente destruido, pero también reflejaría los intereses que la gran potencia tenía sobre la región.

En medio de la coyuntura de posguerra se daría a conocer el tan polémico artículo 9, en donde se proclamaba que Japón renunciaría para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación (Michiko, 2021, p. 294). Desde este artículo se ha condicionado el actuar internacional y la forma en la que Japón se relaciona con el exterior, tomando en cuenta, sobre todo la importancia geoestratégica que tiene este en una región tan inestable como lo es Asia Pacífico.

Recientemente, la dinámica regional se ha tornado cada vez más preocupante debido a las tensiones generadas por el posible estallido de un conflicto entre China y Estados Unidos por la cuestión de Taiwán, y el programa nuclear de Corea del Norte, encendiendo alertas de seguridad en países como Corea del Sur, Las Filipinas y Vietnam, desencadenando un aumento acelerado del gasto militar regional de por lo menos un 2.7% en los últimos dos años (Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques, 2023, p. 1). Ante este crecimiento acelerado, Japón se encuentra en una posición sumamente vulnerable, no solo porque geográficamente se encuentra en medio de los posibles puntos de conflicto, sino también porque constitucionalmente se encuentra atado de manos en materia militar.

El artículo 9 señala explícitamente la renuncia a la guerra y al uso de la fuerza como medio de resolución de disputas internacionales, por lo que “las fuerzas de tierra, mar y aire, así como el resto del potencial de guerra, nunca serán conservadas” (McComarck, 2004, p. 28). Sin embargo, el territorio sería ocupado por bases militares en las que se asignarían fuerzas de tierra, mar y aire estadounidenses que, en primera instancia, tienen la función de proteger a Japón en caso de un conflicto.

Si bien en un inicio, la redacción del artículo 9 de la constitución representó un sólido escalón hacia la recuperación del Japón de la posguerra, con los cambios suscitados en la región tras el triunfo de la revolución comunista en China en 1949 y el estallido de la guerra de Corea

para 1950, el artículo comenzó a verse como un limitante a la seguridad del país y también a los intereses del propio Estados Unidos que desde entonces buscaba evitar la formación de una alianza de seguridad chino-japonesa que representara algún peligro en su influencia militar sobre la región (McComarck, 2004, p. 30).

Contrario a lo que se pensaría, el gasto militar de Japón no ha hecho más que ir en crecimiento. Como se puede observar en la gráfica 1, el presupuesto se mantuvo debajo del 0.5% del PIB durante las primeras décadas después del fin de la guerra, a excepción de un pequeño crecimiento entre los años de 1954 y 1955, esto debido a la instauración de las Fuerzas de Autodefensa de Japón como primer intento de reinterpretar el artículo 9 y “asegurar la paz y la independencia de Japón de amenazas directas o indirectas” (McComarck, 2004, p. 29).

Gráfico 1: Gasto militar japonés, 1952-2021

El contar con un gasto militar tan bajo entre los años 50 y 60 se debe al establecimiento de la Doctrina Yoshida, a través de la cual el país dirigió toda su atención al crecimiento económico y el bienestar de su población (Michiko, 2021, p. 296), dejando su seguridad nacional a Estados Unidos con un compromiso de defensa explícito firmado en 1961

(Manrique, 2022). Sin embargo, para finales de los 60 e inicios de los 90 podemos detectar un aumento gradual del gasto militar, ya que Japón entró en un periodo de elevado crecimiento económico y estabilidad que le permitió poner su atención en temas que habían sido relegados, como lo era la cuestión militar.

El cambio más radical podemos verlo durante el siglo XXI, ya que tan sólo durante el periodo del ex primer ministro Shinzo Abe se solicitó la revisión del pacifismo nacional con el fin de lograr futuros acuerdos de defensa, además de mandar a reinterpretar el artículo 9 con el fin de aprobar el uso de la fuerza en nombre de otras naciones para asegurar la seguridad nacional (Bermúdez, 2022). Este mandato hizo evidente la nueva prioridad de Japón al mostrar el artículo 9 como el impedimento legal más grande ante la nueva visión de seguridad planteada por el gobierno.

El aumento de gasto en defensa es sumamente importante para el archipiélago nipón, pero resulta difícil pensar que la crisis interna en la que se encuentra el país actualmente sea capaz de resistir gastos de esta magnitud. En diciembre del 2022, por ejemplo, se propuso la creación de un programa de desarrollo de defensa con un valor de 43 billones de yenes, además de la adquisición de misiles estadounidenses de largo alcance con el objetivo de que para 2027 el gasto militar aumente por lo menos a un 2% del PIB (BBC News Mundo, 2022), aun cuando su límite autoimpuesto es del 1%.

El tener misiles norcoreanos sobrevolando territorio japonés, y presencia naval China entre el sur de Japón y Taiwán ha llevado al gobierno a poner el rearme como un objetivo clave que necesita toda la atención. Sin embargo, el estricto pacifismo plasmado en su constitución limita el actuar de Japón ante las tensiones que vive hoy la región de Asia Pacífico, tomando medidas desesperadas que sobrepasan los límites constitucionales.

El artículo 9 tenía la función de asegurar que Japón no volviera a armarse en ninguna circunstancia, y a pesar de ello, desde su redacción el país ha visto por llevar a cabo su rearme a través de instancias policiales (Michiko, 2021, p. 294). Las consecuencias que tendría quitar este artículo no serían favorables para el gobierno debido a la opinión pública, por lo que han aprendido a aprovechar los vacíos y distintas interpretaciones que puedan dársele, violentando así, sus propios principios y dejando de lado valores que durante décadas habían caracterizado al país.

Fuentes consultadas

BBC News Mundo. (2022, 17 diciembre). El Gobierno de Japón anuncia el mayor rearme de su ejército desde la Segunda Guerra Mundial. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-64009316

Bermúdez, Á. (2022, 17 julio). ¿Fin del pacifismo en Japón? la polémica reforma constitucional por la que puede cambiar el papel de los militares en ese país asiático. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional- 62145321?fbclid=IwAR1c5PdmZu1aWmxz_C6X7ImAGYgMxxrqy5e4L2dN91BybVkr34 3MUQ-QXZ4

Centro de Estudios Internacionales Gilberto Bosques. (2023, 13 junio). Elementos para el analisis sobre la militarización en Asia-Pacífico. Senado de la República. Recuperado 11 de julio de 2023, de https://centrogilbertobosques.senado.gob.mx/diplomacia/relatorias/search- result?amp;start=q=50%27&fbclid=IwAR0fyTE2oHr91OOJdy2SliBdlQ6n9Z9uTSbI_x6no Br49WT74IyogVfKZ44&=240&start=10

Manrique, L. E. (2022). Japón, ¿adiós al pacifismo? Política Exterior. https://www.politicaexterior.com/japon-adios-al-pacifismo/

McComarck, G. (2004). La remilitarización de Japón. New left review, no. 29, 28-44.

McCormack, G. (2023, 15 junio). Japan’s drive for military greatness in the lengthening shadow of US-China confrontation. The Asia-Pacific Journal: Japan Focus. Recuperado 11 de julio de 2023,   de https://apjjf.org/2023/6/McCormack.html?fbclid=IwAR33wDe_IRSF83jU1PIg5mScl1gW Nfv4yLQuUGK2BY9UGDqOub3avwHQdsg

Michiko, T. (2021). Historia mínima de Japón (4.a ed.). El Colegio de México.

El reforzamiento de la militarización en Filipinas entre 2016 y 2023: la guerra contra las drogas y el regreso de la presencia militar estadounidense

Wind Ariel González Romero

Imagen obtenida de Financial Times, 2023.

Para caracterizar el creciente proceso de militarización en Filipinas, es necesario evidenciar  de manera preliminar el profundo papel histórico que ha tenido la acción militar hasta llegar a justificarla como vía para el mantenimiento del orden, o la movilización de las masas con fines políticos, y para el crecimiento económico en el archipiélago. El colonialismo español,  estadounidense y japonés, sumado a la brecha entre Manila y la periferia marginada en  resistencia desde su diversidad religiosa y étnica, particularmente el sur musulmán, en cuyas  islas se encuentran grupos separatistas armados, son las improntas tradicionales de la  militarización en Filipinas. 

El andamiaje militar ha sido una respuesta constante para enfrentar las amenazas de seguridad en el país, específicamente para proteger los intereses de la clase dominante más que el de las personas. La militarización en sí misma es una suerte de soporte vital del Estado filipino desde su independencia, un monopolio de la coerción aparentemente justificado en un territorio difícil de controlar. Así lo exponen Morada y Collier (2001) donde evidencian que “el discurso sobre la seguridad nacional en Filipinas tiene sus raíces en los  conflictos y la identidad de los Estado-nación, sobre la legitimidad del régimen y sobre la  desigualdad socioeconómica, que continúan generando tensión entre el Estado y la sociedad”. En consiguiente, Cruz de Castro (2012) explica la relación civil-militar en el archipiélago como un ciclo de militarización, desmilitarización y  remilitarización que enfrenta constantemente tanto la sociedad filipina como sus instituciones. 

Lo anterior se puede vincular con la perspectiva de Ana Esther Ceceña (2020):  

Con la instalación de la guerra, o más precisamente de lo militar, como eje ordenador, se  produce un socavamiento general de la institucionalidad a partir de la anulación paulatina del  estado de derecho y la ampliación de los ámbitos normativos privados… Lo legal, en  principio emanado de prácticas consuetudinarias moral y socialmente aceptadas, ha sido  rebasado por la subordinación abierta al poder corporativo y la consecuente instauración de  estados de excepción que protegen, aunque sea veladamente, todo tipo de actividades  rentables o disciplinadoras, no siempre legales. 

Recorrido histórico

Como expone Machuca (2019), tras concretar su independencia de Estados Unidos (EE. UU.) en 1946, Filipinas entró a la época de la posguerra con enormes retos políticos, económicos y socioculturales debatiéndose sobre su desarrollo  autónomo y su subordinación con el ya mencionado país norteamericano. 

El paradigma de seguridad de la Guerra Fría, su  pasado colonial y su posición estratégica en Asia-Pacífico, dotaron a Filipinas de características específicas a su transición a la democracia y a un gobierno civil, la cual fue interrumpida por  la dictadura de Ferdinand Marcos (1965-1985), padre del actual presidente Ferdinand Marcos  Jr., que gobernó a Filipinas bajo ley marcial y estado de excepción dejando una fuerte marca en la conciencia de los filipinos.  

Tras la revolución de 1986 que depuso a Marcos, comenzó un proceso de desmilitarización y democratización que se vería interrumpido a inicios del siglo XXI por la agenda global contra el terrorismo. Asimismo, en la última década de este siglo, la militarización se ha  acelerado bajo nuevos ejes y amenazas, siendo la guerra contra las  drogas iniciada en 2016 por el entonces presidente Rodrigo Duterte uno de los más relevantes. 

Duterte declaró tolerancia cero y fortaleció a los cuerpos policiales hasta volverlos en escuadrones letales que se ganaron el apodo de “vigilantes” que en conjunto con la escalada de la violencia, se ha vuelto parte de la cotidianidad de las personas. De acuerdo con  Humans Rights Watch (2023) las muertes ascendieron a 12 mil personas, muchas a manos de la policía tras ejecuciones extrajudiciales, tortura y falsificación de pruebas, casi todas ellas dirigidas a jóvenes en pobreza (Aljazeera, 2023).  

Durante el mandato de Duterte, también se declaró ley marcial en el sur de Filipinas, específicamente en Mindanao, donde se desplegó una respuesta rápida haciendo uso del poder militar adquirido por las  fuerzas del orden público. El objetivo era contener una supuesta rebelión de grupos terroristas, cortar el paso de droga y proteger los intereses económicos. Sin embargo, como menciona Montalván (2019) la sociedad civil ha expuesto numerosos asesinatos realizados a activistas indígenas en pro del medio ambiente, de derechos humanos y periodistas durante los dos años por los que se extendió el gobierno militar. 

En el periodo más reciente del mandato de Ferdinand Marcos Jr, iniciado en junio de 2022, la guerra contra las  drogas se ha mantenido, pero se ha sumado otro eje al proceso de militarización en el país: el regreso de la estrecha colaboración militar con los EE. UU. y la identificación de la República Popular China como nueva amenaza a la cual enfrentar. 

Este último punto es de suma importancia pues Marcos Jr. ha caracterizado su gobierno por una postura anti-china y ha buscado que Filipinas tome papel en la seguridad de Asia Pacífico aprovechando su ubicación entre China, Taiwán y el Sureste Asiático. En su visita a EE. UU. en mayo de este año, por mencionar un ejemplo, se anunciaron esfuerzos para la modernización del ejército filipino y el reforzamiento de su colaboración a través del acceso a cuatro bases militares dentro de Filipinas.

Esta colaboración se observa como una disrupción de los acuerdos entre ambas naciones, pues en 1991 habían establecido poner fin de la presencia militar directa de las fuerzas estadounidenses en la isla, tras discusiones que decantaron dejar atrás la herencia colonial. La disrupción también se observa en las declaraciones de Marcos Jr., quien ha rescatado en diversas ocasiones la necesidad de regresar la institución del servicio militar obligatorio en todo el territorio filipino (Beltran, 2023). 

Consideraciones finales 

En esencia, la remilitarización en Filipinas emana de la deficiencia para responder a los  principales retos en el archipiélago: el estatus de las comunidades musulmanas y las  comunidades indígenas amenazadas por proyectos e intereses económicos, la desigualdad,  los efectos del capital transnacional y el mercado global, la pérdida de control de un gran  número de islas en el territorio, la vulnerabilidad a desastres naturales, y los problemas en el Mar de China, por ejemplo, con la soberanía de las islas Paracels y Spratley (Machuca, 2019).  De esta forma, la mencionada dinámica se inserta en un proceso tanto local como global de búsqueda de seguridad y reproducción del poder donde el Estado filipino se considera severamente  amenazado en su integridad y legitimidad, generando una respuesta no integral que ignora los costos humanos y los retrocesos en la acción civil. 

Fuentes de consulta: 

Beltran, Michael. (2023). Philippine students fear ‘campus militarization’. Nikkei Asia. Consultado el 12 de junio de 2023 en https://asia.nikkei.com/Politics/Philippine-students-fear-campus-militarization.

Ceceña, Ana Esther. (2020). “La crisis sistémica”, en Sistema-mundo, crisis y bifurcaciones (105-127). México: AKAL.  

Cruz de Castro, Renato. (2012). The Cycle of Militarization, Demilitarization, and Remilitarization in the Early 21st Century Philippine Society. Tamkang Journal of International Affairs (vol. 15, no. 4).  

Human Rights Watch. (2023). Philippines’ ‘War on Drugs’. HRW. Consultado el 11 de junio de 2023 en https://www.hrw.org/tag/philippines-war-drugs.

Machuca Chávez, Paulina. (2019). Historia Mínima de Filipinas. México: El Colegio de México.  

Mansoor, Sanya & Sha Simone. (2023). Why the Philippines Is Letting the U.S. Expand Its Military Footprint in the Country Again. TIME. Consultado el 12 de junio de 2023 en https://time.com/6252750/philippines-us-military-agreement-china/. 

Montalván, Antonio. (2019). What did Duterte’s martial law achieve in Mindanao? Aljazeera. Consultado el 11 de junio de 2023 en https://www.aljazeera.com/opinions/2019/12/30/what-did-dutertes-martial-law-achieve-in-mindanao#:~:text=Martial%20law%20in%20Mindanao%2C%20which,suffering%20of%20the%20local%20population.

Morada, Noel & Collier, Christopher (2001).  “The Philippines: State versus Society,” en Asian Security Practice:  Material and Ideational  Influences. California: Stanford University Press.

S/a. (2023). ICC to resume investigation into Philippines’s deadly drug war. Aljazeera.  Consultado el 11 de junio de 2023 en https://www.aljazeera.com/news/2023/1/27/icc-to resume-investigation-into-philippiness-deadly-drug-war.

Vidal Liy , Macarena. (2023). Estados Unidos y Filipinas refuerzan su relación militar con la vista puesta en China. El País. Consultado el 12 de junio de 2023 en https://elpais.com/internacional/2023-05-01/estados-unidos-y-filipinas-refuerzan-su relacion-militar-con-la-vista-puesta-en-china.html.

Militarización de las favelas de Río de Janeiro y mujeres que resisten desde la doloridad

Hannia Andrea Rodríguez Jiménez

Quantos mais vão precisar morrer pra que essa guerra acabe?

Marielle Franco

La ciudad de Río de Janeiro ha sido caracterizada por la intensa represión y violencia policial ejercida contra la población negra que se concentra en las favelas. Estos actos se han presentado de manera histórica, pero la puesta en acción de la estrategia de seguridad pública de “pacificación” a finales de la primera década de los dos mil produjo un escenario atravesado por una mayor y profunda violencia. Dicha estrategia de seguridad se estableció en el marco de una serie de mega eventos cuya principal preocupación era generar mayor inversión y satisfacción de los intereses del capital (Barrios, 2020). En consecuencia, tanto hombres como mujeres faveladas se vieron envueltos en un continuum de violencias con repercusiones en su vida cotidiana.

Con ello en mente, es necesario remarcar la relevancia que tiene esta violencia en los cuerpos de los diferentes habitantes, pero, sobre todo, de las mujeres, pues su presencia en los análisis es constantemente relegada. Por otro lado, es fundamental mirar hacia ellas debido a que desde sus vivencias articulan movimientos de resistencia, que son unidos a través de la “doloridad”, contra la violencia policial racista que les está matando.

La construcción de un espacio segregado

Las favelas, habitadas principalmente por hombres y mujeres negras, se han construido históricamente como espacios de segregación en donde fueron concentradas y relegadas aquellas personas que, por parte de un Estado racista y de herencia esclavista, no son consideradas como sujetos y sujetas con capacidad de existir dentro de un ordenamiento moderno-colonial (Dahmer, 2022). En otras palabras, las favelas fueron producidas como el lugar de la existencia del “otro”, el lugar de la diferencia.

En este sentido, las favelas son entendidas fuera del resto de la ciudad y sobre ellas se construyeron representaciones que les categorizaron como espacios “inseguros”, “problemáticos”, “peligrosos”, “incivilizados” y “violentos”. Asimismo, estas representaciones no sólo son atribuidas al espacio físico, sino que también se aplican sobre quienes allí habitan, reforzando así un discurso racista que ve a las personas negras desde una connotación negativa.

La visión sobre estos territorios y quienes los habitan tuvo como consecuencia que se legitimara ante el resto de la sociedad un discurso de seguridad pública que abogaba por la represión y control de sus habitantes mediante prácticas cada vez más violentas y represivas, o, en otras palabras, a través de su militarización.[1]

La militarización y sus consecuencias sobre las mujeres.

Como se mencionó anteriormente, a partir del desarrollo de una serie de mega eventos, marcados por el inicio de los Juegos Panamericanos de 2007, en Río de Janeiro se comenzó con una estrategia llamada “Pacificación”, que consistía en la inserción de un gran número de agentes policiales con el objetivo de combatir la inseguridad y el tráfico de drogas dentro de las favelas. Irónicamente, este hecho no trajo paz sino todo lo contrario. Lo más contundente fue el incremento de las muertes a manos de las fuerzas armadas o por la violencia derivada de su presencia. De ahí que sea ilustrativo que, de acuerdo con Fundo Brasil dos Direitos Humanos (s.f), de 2008 a 2013 se contabilizaron los asesinatos de 11,197 personas por oficiales de la Policía Militar (PM).

El programa se dió por “concluido” en 2018 tras no cumplir con los objetivos (Souza, Barbosa, Simão en de Andrade y Veillette, 2021) pero, la PM no ha cesado desde entonces sus funciones dentro de las favelas y los actos de control, vigilancia y violencia continúan. En otras palabras, se mantiene una completa militarización del espacio por parte del Estado brasileño, en el sentido en que es funcional para el disciplinamiento de las corporalidades racializadas que allí habitan y cuyas vidas pueden y deben de ser eliminadas.

Lo anterior tiene su máxima representación en el asesinato de miles de jóvenes negros y negras cada año.[2] Este hecho por sí mismo es devastador, sin embargo, en ocasiones no es percibido la magnitud del mismo y el impacto que tiene en otras personas. Con esto me refiero a lo que experimentan quienes sobreviven a ese acto, es decir, familiares que en la mayoría de los casos son mujeres como madres, compañeras o hermanas.

Estas historias generalmente no son consideradas ni recolectadas debido a que la estadística se centra en la recopilación del número de muertes y, en ella, los hombres ocupan el mayor porcentaje. Las vivencias de estas mujeres importan, incluso cuando no es a ellas a quienes directamente atacan las balas, porque la violencia no puede reducirse a un número. Importan porque en ellas queda un sentimiento desgarrador por la pérdida de un ser querido que envuelve rabia, desesperación, profunda tristeza y, en ocasiones, enfermedades.

Por otra parte, estas mujeres también vuelven a experimentar actos de violencia cuando intentan buscar justicia. Son minimizadas y abandonadas por un sistema de total impunidad que no considera importante las vidas de las personas negras y que no garantiza en ningún momento la reparación del daño. “Superar la pérdida, enfrentar sus consecuencias y transformar el dolor y el luto en coraje y perseverancia acaba convirtiéndose prácticamente en un esfuerzo individual y solitario” (Moura, 2007, p. 95).

A pesar de ello, la realidad dicta que la individualización de su lucha no ocurre pues aquellas madres, esposas e hijas encuentran respaldo en donde históricamente lo han tenido: otras mujeres negras, a quienes une la doloridad. Doloridad, que es aquel sentimiento de “vacío, ausencia, de no poder hablar, el dolor causado por el racismo. Ese dolor negro” (Piedade, 2017, s/p). Por lo tanto, entre y desde ellas se tejen redes de resistencia que les permite confrontar y cuestionar el orden social racista, militarista, colonial y patriarcal impuesto en Brasil.

Sus voces y sus acciones son un constante recordatorio de la injusticia y de la desigualdad, pero también de un legado histórico de mujeres negras que han luchado en el territorio brasileño a través de manifestaciones, acompañamiento y un hacer política distinta, es decir, desde una base de organización comunitaria. Marielle Franco[3] hoy es símbolo de ese movimiento, un símbolo que tras su asesinato también representa el peligro que esas mujeres corren por cuestionar un orden social racista tan bien cimentado. No obstante,  la lucha sigue y como ella misma expresó,  as rosas da resistência nascem no asfalto.[4]


[1] Se entiende como militarización el uso de las fuerzas armadas que, bajo una lógica bélica, desarrolla funciones originalmente atribuídas al orden civil como lo es la seguridad pública. Lo que deriva en la concepción del espacio público como un campo de batalla (de Mattos, 2019).

[2] De acuerdo con el Atlas da Violência (Cerqueira, D; et. al. 2021) Río de Janeiro en 2019 fue el estado de Brasil con mayor número de muertes violentas. Ese mismo año, según datos del Mapa da Desigualdade (Casa Fluminense, 2020), 78% de los asesinatos cometidos por agentes del Estado tuvieron como víctimas a personas negras.

[3] Marielle fue una mujer negra habitante de la favela de Maré y socióloga con maestría en Administración Pública, que mantuvo un activismo político en contra de la violencia policial dentro de las favelas de Río de Janeiro, así como por  los derechos de  las mujeres y personas lgbt+. Lamentablemente, el 14 de marzo de 2018 fue asesinada en un atentado en el que dispararon 13 veces contra el vehículo en el que se transportaba. Hasta el día de hoy no se sabe quién la mandó matar y por qué.

[4] Traducción: Las rosas de la resistencia nacen en el asfalto. Esto podemos interpretarlo como un mensaje para continuar haciendo frente a la violencia policial que se vive en las favelas aunque las condiciones sean adversas.


Referencias:

  • Barrios, D. (2020). Cidade maravilhosa, ciudad neoliberal, ciudad sádica… Río de Janeiro en la vuelta del siglo. Territorio y violencia. Construcción de identidades. s.d. pp. 101-111.
  • Cerqueira, D; et. al. (2021). Atlas da Violência. Fórum Brasileiro de Segurança Pública. https://forumseguranca.org.br/wp-content/uploads/2021/12/atlas-violencia-2021-v7.pdf
  • Casa Fluminense. (2020). Mapa da desigualdade. [mapa]. https://casafluminense.org.br/mapa-da-desigualdade/

● Dahmer, T. (2022). Militarização e judicialização: resistências de mulheres em favelas do Rio de Janeiro. Revista Libertas, 22(2), pp. 383-402.

● de Andrade, N., Veillette, A. (2021). Mulheres de favelas e o (outro) feminismo popular. Revista Estudos Feministas, 30(1), pp. 1-14.

● de Mattos, L. (2019). Militarização e democracia no Rio de Janeiro: efeitos e legados da “pacificação” das favelas cariocas. Revista Ensaios. 14, pp. 80-98.

● Franco, M. (2014). UPP – A redução da favela a três letras: uma análise da política de segurança pública do estado do Rio de Janeiro. [Tesis de maestría, Universidade Federal Fluminense]. Repositorio institucional UFF. https://app.uff.br/riuff/handle/1/2166.

● Fundo Brasil dos Direitos Humanos. (s.f.) Cartilha pela desmilitarização da Polícia y da Política. https://desmilitarizar.wordpress.com/materiais/

● Gonzalez, L. (2020). Por um feminismo afro-latino-americano: ensaios, intervenções e diálogos, Zahar.

● Moura, T. (2007). Rostos invisíveis da violência armada: um estudo de caso sobre o Rio de Janeiro. 7Letras.

● Melino, H; Gomes, T; Nascimento, A; Sales, I; Viana, N; Willadino, R. (2022). Violência contra mulheres e letalidade feminina no Rio de Janeiro. Observatório de favelas.

● Piedade, V. (2017). Dororidade. Nós. https://doceru.com/doc/s0vv5s0